Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

martes, 15 de diciembre de 2015

MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA - POEMAS


1859 - 1895, México, D.F., México




LA SERENATA DE SCHUBERT



¡Oh, qué dulce canción! Límpida brota
Esparciendo sus blandas armonías,
Y parece que lleva en cada nota
¡Muchas tristezas y ternuras mías!

¡Así hablara mi alma... si pudiera!
Así dentro del seno,
Se quejan, nunca oídos, mis dolores!
Así, en mis luchas, de congoja lleno,
Digo a la vida: —¡Déjame ser bueno!
—Así sollozan todos mis amores!

¿De quién es esa voz? Parece alzarse
Junto del lago azul, noche quieta,
Subir por el espacio, y desgranarse
Al tocar el cristal de la ventana
Que entreabre la novia del poeta...
¿No la oís como dice: «hasta mañana»?

¡Hasta mañana, amor! El bosque espeso
Cruza, cantando, el venturoso amante,
Y el eco vago de su voz distante
Decir parece: «hasta mañana, beso!»

¿Por qué es preciso que la dicha acabe?
¿Por qué la novia queda en la ventana.
Y a la nota que dice: «¡Hasta mañana!»
El corazón responde: «¿quién lo sabe?»

¡Cuántos cisnes jugando en la laguna!
¡Qué azules brincan las traviesas olas!
En el sereno ambiente ¡cuánta luna!
Mas las almas ¡qué tristes y qué solas!

En las ondas de plata
De la atmósfera tibia y transparente,
Como una Ofelia náufraga y doliente,
¡Va flotando la tierna serenata...!

Hay ternura y dolor en ese canto,
Y tiene esa amorosa despedida
La transparencia nítida del llanto,
¡Y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
Sueños amantes que piedad imploran,
Y como niños huérfanos, ¡se quejan!

Bien sabe el trovador cuán inhumana
Ara todos los buenos es la suerte...
Que la dicha es de ayer... y que «mañana»
Es el dolor, la obscuridad, !la muerte!

El alma se compunge y estremece
Al oír esas notas sollozadas...
¡Sentimos, recordamos, y parece
Que surgen muchas cosas olvidadas!

¡Un peinador muy blanco y un piano!
Noche de luna y de silencio afuera...
Un volumen de versos en mi mano,
Y en el aire ¡y en todo! ¡primavera!

¡Qué olor de rosas grescas! en la alfombra
¡Qué claridad de luna! ¡qué reflejos!
...¡Cuántos besos dormidos en la sombra,
Y la muerte, la pálida, qué lejos!

En torno al velador, niños jugando...
La anciana, que en silencio nos veía...
Schubert en su piano sollozando,
Y en mi libro, Musset con su «Lucía».

¡Cuántos sueños en mi alma y en tu alma!
¡Cuántos hermosos versos! ¡cuántas flores!
En tu hogar apacible ¡cuánta calma!
Y en mi pecho ¡qué inmensa sed de amores!

¡Y todo ya muy lejos! ¡todo ido!
¿En dónde está la rubia soñadora?
...¡Hay muchas aves muertas en el nido,
Y vierte muchas lágrimas la aurora!

...Todo lo vuelvo a ver... ¡pero no existe!
Todo ha pasado ahora... ¡y no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste...
¡Y todo alegre, como entonces, veo!

...Esta es la casa... ¡su ventana aquélla!
Ese, el sillón en que bordar solía...
La reja verde... y la apacible estrella
Que mis nocturnas pláticas oía!

Bajo el cedro robusto y arrogante,
Que allí domina la calleja obscura,
Por la primera vez y palpitante
Estreché con mis brazos, su cintura!

¡Todo presente en mi memoria queda!
La casa blanca, y el follaje espeso...
El lago azul... el huerto... la arboleda,
Donde nos dimos, sin pensarlo, un beso!

Y te busco, cual antes te buscaba,
Y me parece oírte entre las flores,
Cuando la arena del jardín rozaba
El percal de tus blancos peinadores!

¡Y nada existe ya! Calló el piano...
Cerraste, virgencita, la ventana...
Y oprimiendo mi mano con tu mano,
Me dijiste también: «¡hasta mañana!»

¡Hasta mañana!... Y el amor risueño
No pudo en tu camino detenerte!...
Y lo que tú pensaste que era el sueño,
Fue sueño, ¡pero inmenso! ¡el de la muerte!

                    *******

¡Ya nunca volveréis, noches de plata!
Ni unirán en mi alma su armonía,
Schubert, con su doliente serenata
Y el pálido Musset con su «Lucía»


RESUCITARÁN

Los pájaros que en sus nidos
mueren, ¿a dónde van?
¿Y en que lugar escondidos
están, muertos o dormidos,
los besos que no se dan?

Nacen, y al punto traviesos
hallar la salida quieren;
¡pero como nacen presos,
se enferman pronto mis besos
y, apenas nacen, se mueren!

En vano con raudo giro
éste a mis labios llegó.
Si lejos los tuyos miro...
¿sabes lo que es un suspiro?
¡Un beso que no se dio!

¡Que labios tan carceleros!
¡Con cadenas y cerrojos
los aprisionan severos,
y apenas los prisioneros
se me asoman a los ojos!

¡Pronto rompe la cadena
de tan injusta prisión,
y no mueran más de pena,
que ya está de besos llena
la tumba de mi corazón!

¿Qué son las bocas? Son nidos.
¿Y los besos? ¡Aves locas!
Por eso, apenas nacidos,
de sus nidos aburridos
salen buscando otras bocas.

¿Por qué en cárcel sepulcral
se trueca el nido del ave?
¿Por qué los tratas tan mal,
si tus labios de coral
son los que tienen la llave?

- Besos que apenas despiertos,
volar del nido queréis
a sus labios entreabiertos,
en vuestra tumba, mis muertos,
dicen: ¡Resucitaréis!


FRENTE A FRENTE

Oigo el crujir de tu traje,
turba tu paso el silencio,
pasas mis hombros rozando
y yo a tu lado me siento.

Eres la misma: tu talle,
como las palmas, esbelto,
negros y ardientes los ojos,
blondo y rizado el cabello;
blando acaricia mi rostro
como un suspiro tu aliento;
me hablas como antes me hablabas,
yo te respondo muy quedo,
y algunas veces tus manos
entre mis manos estrecho.

¡Nada ha cambiado: tus ojos
siempre me miran serenos,
como a un hermano me buscas,
como a una hermana te encuentro!
¡Nada ha cambiado: la luna
deslizando su reflejo
a través de las cortinas
de los balcones abiertos;
allí el piano en que tocas,
allí el velador chinesco
y allí tu sombra, mi vida,
en el cristal del espejo.

Todo lo mismo: me miro,
pero al mirarte no tiemblo,
cuando me miras no sueño.
Todo lo mismo, peor algo
dentro de mi alma se ha muerto.
¿Por qué no sufro como antes?
¿Por qué, mi bien, no te quiero?

Estoy muy triste; si vieras,
desde que ya no te quiero
siempre que escucho campanas
digo que tocan a muerto.

Tú no me amabas pero algo
daba esperanza a mi pecho,
y cuando yo me dormía
tú me besabas durmiendo.

Ya no te miro como antes,
ya por las noches no sueño,
ni te esconden vaporosas 
las cortinas de mi lecho.

Antes de noche venías
destrenzando tu cabello,
blanca tu bata flotante,
tiernos tus ojos de cielo;
lámpara opaca en la mano,
negro collar en el cuello,
dulce sonrisa en los labios
y un azahar en el pecho.

Hoy no me agito si te hablo
ni te contemplo si duermo,
ya no se esconde tu imagen
en las cortinas del techo.

Ayer vi a a un niño en la cuna;
estaba el niño durmiendo,
sus manecitas muy blancas,
muy rizado su cabello.

No sé por qué, pero al verle
vino otra vez tu recuerdo,
y al pensar que no me amaste,
sollozando le di un beso.

Luego, por no despertarle,
me alejé quedo, muy quedo.

¡Qué triste que estaba el alma!
¡Qué triste que estaba el cielo!
Volví a mi casa llorando,
me arrojé luego en el lecho.

Todo estaba solitario,
Todo muy negro, muy negro.
Como una tumba mi alcoba,
la tarde tenue muriendo,
mi corazón con el frío.

Busqué la flor que me diste
una mañana en tu huerto
y con mis manos convulsas
la apreté contra mi pecho;
miré luego en torno mío
y la sombra me dio miedo...

Perdóname, si, perdóname,
¡no te quiero, no te quiero!




EZEQUIAS BLANCO - POEMAS

Paladinos del Valle (Zamora) en 1952

ECLIPSE
           
"Ya no puede uno perderse lo imposible se torna paso a paso inevitable"
                              Juan Larrea

                          1
No sobre plumas sobre lienzos blancos
se elevan los colores del Otoño.
En el baile sin música tu espanto
se aviva con la luz.
(El lento aprendizaje del rocío)
Lo que tú buscas no es la realidad
sino lo que ella vagamente te recuerda.

Es posible que el ciego sea un espejo.

                         2
La niebla del olvido te ha cercado.
Ya no da orden a tu caos
la esbelta flor de la memoria.
Hay un fardo pesado
en el lugar de un cofre.

                        3
Sordo quedaste para el estruendo de la vida
y en tus delirios a menudo se hilvana un mudo pez.
Del gesto y de la voz tienes perdido el código.
(No escribir sería lo más prudente)
Pero ocurre que a veces en silencioso asombro
escuchas con los ojos al ruiseñor de Keats.


Palabras de la Sibila:
I - El viento es el azar de los pájaros.



VERSOS UNIVERSOS VERSOS


Unos son piedras de afilada lengua.
Otros redondos como piedras dulces
que en un rincón guardaran la ironía.

Otros piedras preciosas transparentes
que pueblan de silencio nuestros pechos.
Otros negras y oscuras
estelas de algún prisma
traspasado por lanzas de alegría.

Otros verdes y puros como el agua
de los que emana aroma cristalino y balsámico.

Otros cálices de ceniza polvo dulzón
de pianola incendios de gladiolo...
Otros suave arenisca... Otros...

Hermosos todos y complementarios
sí del manantial del corazón y del desorden
de los vientos se hubieren desprendido.

Palabras de la Sibila de Ezequías Blanco






EMILY BRONTË - POEMAS

1818, Thornton, West Yorkshire, Reino Unido
1848, Haworth, Reino Unido

¡QUÉ CLARO ELLA BRILLA!...

¡Qué claro Ella brilla! Qué inmóvil
Yacía yo debajo de su guardián de luz;
Mientras el Cielo y la Tierra me susurraban:
Despierta mañana, y sueña esta noche.

¡Ven, mi elegante, mi encantador Amor!
Estos templos palpitantes besan suavemente;
Dobla mi solitario lecho encima,
Y dadme reposo, dadme toda la dicha.


El mundo huye: ¡oscuro mundo, adiós!
Amargo mundo, ocúltate hasta el            amanecer,
El corazón que no has podido someter
Aún ha de resistir, mientras vagas            ausente.

Tu Amor yo nunca, nunca compartiré.
Tu Odio sólo despierta una sonrisa;
Tus Lamentos podrán herir,
Tus Errores podrán llorar;
¡Pero tus mentiras jamás cautivarán!

Mientras observaba a las estrellas brillando
En ese mar apacible, sobre mí,
Deseé con fe que todas las aflicciones
Del universo sepan, y se celebren en tí.

Este será mi sueño nocturno.
Pienso que el cielo de esferas gloriosas
Recorre su curso luminoso,
Cubierto de eternas dichas
A través de interminables años.

Pienso que no hay otro mundo allí arriba
Más lejano que aquel que contemplan estos ojos,
Donde la Sabiduría nunca se burló del Amor,
Donde la Virtud nunca se sometió a la Infamia.


VEN, CAMINA CONMIGO
                                "Come, walk with me"

Ven, camina conmigo,
sólo tú has bendecido alma inmortal.
Solíamos amar la noche invernal,
Vagar por la nieve sin testigos.

¿Volveremos a esos viejos placeres?

Las nubes oscuras se precipitan
ensombreciendo las montañas
igual que hace muchos años,
hasta morir sobre el salvaje horizonte
en gigantescos bloques apilados;
mientras la luz de la luna se apresura
como una sonrisa furtiva, nocturna.

Ven, camina conmigo;
no hace mucho existíamos
pero la Muerte ha robado nuestra compañía
-Como el amanecer se roba el rocío-.
Una a una llevó las gotas al vacío
hasta que sólo quedaron dos;
pero aún destellan mis sentimientos
pues en ti permanecen fijos.

No reclames mi presencia,
¿puede el amor humano ser tan verdadero?
¿puede la flor de la amistad morir primero
y revivir luego de muchos años?
No, aunque con lágrimas sean bañados,
Los túmulos cubren su tallo,
La savia vital se ha desvanecido
y el verdor ya no volverá.

Más seguro que el horror final,
inevitable como las estancias subterráneas
donde habitan los muertos y sus razones,
El tiempo, implacable, separa todos los corazones.


CUANDO DEBA DORMIR
                             "When I Shall Sleep"

Oh, En la hora en la que deba dormir,
Lo haré sin identidad,
Y ya no me importará cómo cae la lluvia,
O si la nieve cubre mis pies.
El cielo no promete salvajes deseos,
Podrán cumplirse, acaso la mitad.
El infierno y sus amenazas,
Con sus inextinguibles brasas
Jamás someterá esta voluntad.

Por lo tanto digo, repitiendo lo mismo,
Todavía, y hasta que muera lo diré:
Tres Dioses dentro de este pequeño marco
Guerrean día y noche.
El Cielo no los mantendrá a todos, sin embargo
Ellos se aferran a mí;
Y míos serán hasta que el olvido
Cubra el resto de mi ser.

Oh, cuando el Tiempo busque mi pecho para soñar,
Todas las batallas concluirán!
Pues llegará el día en el que deba reposar,
Y este sufrimiento ya no me atormentará.
  




sábado, 12 de diciembre de 2015

TOPOGRAFIA DEL MADRID DE LOS AUSTRIAS - 1ª PARTE


El Madrid de los Austrias pasó de ser un lugar manchego famoso por la abundancia y pureza de sus aguas y la hermosura de los bosques que lo rodeaban, a ser una incómoda ciudad de aguas públicas escasas y malas (las buenas y abundantes se reservaron para la Corte, los nobles y los conventos) y con unos alrededores sin vegetación, pues las talas para construcción de viviendas o calentarlas acabaron con los árboles. Sólo quedaron las zonas reservadas para el placer de los reyes, o sea en la Casa de Campo y el Retiro.


La Villa había crecido y pasó de unos 15.000 habitantes a más de 100.000 que ocupaban casas de pobre aspecto, a causa de la escasez de piedra, pues había que recorrer cincuenta kilómetros desde las canteras. Eran pues, con paredes de tierra o de ladrillo.


La mayoría eran las llamadas "a la malicia", por haberla en la construcción. Constaban éstas de una sola planta a la calle, pero con inclinado tejado, que permitía dos plantas en la fachada que daba al huerto interior. La razón estaba en la Regalía de Aposento por la que se imponía la obligación de ceder uno para alojamiento de los componentes de la Corte. Un documento del siglo XVII registra 1.400 casas de aposento y 5.436 a la malicia.


El Alcázar (donde hoy está el Palacio Real) no era más que un conjunto de edificaciones adosadas, de las que algunas procedían del tiempo de los moros. Escaseaba la piedra y abundada la madera por lo que ardió fácilmente en 1734.


El Palacio del Buen Retiro carecía de solidez, por haber sido edificado en tres años con materiales ligeros y baratos. La suntuosidad se confiaba a las pinturas y a los tapices que han llegado hasta nuestros días.


Palacio del Marqués de Santa Cruz.
Viso del Marqués, Ciudad Real
La Nobleza tampoco edificaba palacios. Prefería hacerlo en la capital de sus posesiones. La explicación nos la dio el marqués de Santa Cruz "que hizo un palacio en El Viso, porque pudo y porque quiso".


La Iglesia tampoco tuvo iniciativas. No había Obispo que necesitara un gran templo donde instalar su cátedra. Las Ordenes Religiosas tenían su cabecera en la cercana Toledo y en Madrid sólo edificaban cuando personas piadosas u ostentosas les daban dinero suficiente. Algunas veces éstas pertenecían a la Familia Real.


No existían entonces las Embajadas permanentes, excepto la Nunciatura. Los embajadores se instalaban en edificios alquilados o cedidos por amigos y parientes.


Tampoco tenían importancia los centros de enseñanza o los de recreo. No había Universidad y los teatros públicos sólo eran dos. Recibían el nombre de corrales y eso habían sido antes de acondicionarlos.


El Madrid de 1500 tenía una cerca con honores de muralla a trozos que comenzaba y terminaba en el Alcázar. En ella existían diferentes puertas como la Puerta de Santo Domingo y el Postigo de San Martín, la Puerta del Sol, la Puerta de Antón Martín o Vallecas, la Puerta de La Latina, la Puerta de Moros y la Puerta de la Vega.


En 1700 el muro solamente tenía fines policiales y fiscales y se le fueron añadiendo entradas y portillos como: Puerta de San Vicente, Puerta de Fuencarral, Portillo  del Conde, Puerta de Recoletos, Portillo de Embajadores Puerta de Alcalá, Puerta de Toledo y Puerta de Segovia, entre otras. Los portillos se utilizaban para paso de peatones que a través de los años se fueron convirtiendo en grandes paseos que más tarde tomaron el nombre de bulevares.


El Alcázar, en el que había muerto Enrique IV, terminó su actividad bélica después de la Guerra de las Comunidades, de la que hoy en día algunos de los nombres de sus combatientes todavía resuenan, como Juan Bravo, Padilla y Maldonado que forman parte de los nombres de las calles de Madrid.


La sangre de los Padilla, Bravo y Maldonado que corren por vuestras
venas y el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las
comunidades, garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos.


El edificio necesitaba una buena reconstrucción, pues el rey había decidido que fuera residencia de la Familia Real. Felipe II mandó al arquitecto Luis de la Vega, construir nuevas habitaciones y aposentos que darían a la Plaza de la Armería y que debían ser terminados en junio de 1561 fecha en que tenía pensado trasladar su corte a la Villa.


Las obras continuaron durante muchos años, incluso ya en la época de Felipe IV, teniendo diferentes arquitectos como, Juan de Toledo, Juan de Herrera, Francisco de Mora y Alonso de Covarrubias entre otros.


En 1656 el Alcázar tenía cuatro torres y dos patios centrales que más tarde se convertirían en uno solo, La Capilla Real y varios jardines conocidos como el de los Emperadores, del Rey y de la Reina. Las mejores habitaciones daban al sur, donde se encontraban el Salón de los Espejos, Salón Dorado o Sala de Comedia, la Galería del Mediodía y la Pieza del Rubí.


Palacio de los Consejos
En el solar donde hoy se ha alzado la Catedral estaban en los siglos que nos ocupan varias casas de la nobleza. La iglesia de Santa María de la Almudena se alzaba entonces frente al Palacio del duque de Uceda, construido a principios del siglo XVII y adquirido por el Estado en 1747 para sede de los Consejos, hoy lo ocupan el Consejo de Estado y la Capitanía General.


No existían entonces ni la calle Bailén, ni la Plaza de Oriente, siendo muy diferente el trazado, iglesias, conventos y caserones de la nobleza se repartían el terreno. Mencionemos la parroquia de San Juan, el convento de San Gil y el palacio de los Principes de Eboli.


A la espalda del Palacio de Uceda estuvo el Estudio de la Villa del que fue alumno Miguel de Cervantes. La plazoleta de la Cruz Verde por colocarse en ella la gran cruz que se usaba en los Autos de Fe. en la calle de Segovia, que lleva al puente construido por Juan de Herrera en tiempos de Felipe II, estaba la casa del Pastor. Junto a ella se extiende la Morería de la que salieron en el siglo VII los moriscos expulsados.


En la plaza de la Paja aún se conservaba el Palacio de los Lasso de Castilla, luego de los duques del Infantado y derribado en el siglo XIX. Una galería atravesaba la calle y llevaba a la iglesia de San Andrés, en la que se inauguró el 15 de mayo de 1669 una suntuosa capilla (incendiada en 1936) dedicada a guardar el cuerpo de San Isidro. Había sido trasladado en 1535 a la magnifica del Obispo, venturosamente conservada hoy.

Capilla del Obispo

Esta capilla del Obispo Gutierre de Vargas Carvajal fue construida para enterramiento de la famosa y rica familia de los Vargas. A ella perteneció Iván de Vargas, el amo de San Isidro. A esta familia adquirió Felipe II la extensa Casa de Campo. También de los Vargas fue el cercano palacio, dedicado muchos años a Nunciatura y hoy al Vicariato General Castrense.



Existían también en estos siglos de los que nos estamos ocupando varias posadas en la zona de las Cavas, que han llegado hasta nuestros días.


En la calle Sacramento fueron construidas en tiempo de los Austrias varias e importantes casas. Destaca entre ellas la llamada de Cisneros, por la familia del Cardenal. En ella sufrió prisión y tormento el desdichado Antonio Pérez. El actual convento de las Bernardas que fue fundado por el duque de Uceda en el siglo XVII.


El mercado de San Miguel ocupa el solar de la iglesia parroquial de San Miguel de los Octoes, edificada en tiempos de Felipe II y destruida por un incendio en 1790.


Próximos a esta parroquia estaban varios palacios, entre ellos el de los condes de Barajas y de Miranda, pero nada queda de ellos. Si subsiste el convento de las monjas jerónimas del Corpus Christi conocido por las Carboneras. Fue fundado por la condesa del Castellar a principios del siglo XVII.


En la cercana plaza de la Villa se conservan las Casas Consistoriales, construidas también en el siglo XVII. La más antigua es la Casa de los Lujanes, en la que se dice que estuvo preso Francisco I de Francia.


En la calle Mayor estuvieron la casa en que nació Lope de Vega y aquella en la que murió Calderón de la Barca.


Hasta aquí la primera parte.


Os dejo algunas imágenes de lugares mencionados que se conservan en la actualidad :


Puerta de San Vicente y Estación de Príncipe Pío

Salida de los Reyes de Palacio

Fachada del Palacio Real con vistas a los Jardines Sabatini

Diferentes salones del Palacio Real:


Capilla Real


Salón del Trono





Salón de la Corona

Vista de la Calle Bailén
A vuestra izquierda el Palacio Real y a la derecha la Plaza de Oriente


Plaza de Oriente frente a Palacio


Otro ángulo de la Plaza de Oriente
al fondo el Teatro Real






Iglesia de San Andrés


Casa del Pastor
El escudo es lo único que se conserva de la antigua casa






Calle Segovia al fondo el Viaducto


El Viaducto abajo Las Vistillas

Catedral castrense de las Fuerzas Armadas
 (Iglesia del Sacramento)


Calle Sacramento

Mercado de San Miguel sobre 1920



Mercado de San Miguel en la actualidad

Mercado de San Miguel después de la restauración
Está abierto de noche porque también tiene lugares
en los que se puede comer y tomar copas


El convento de las Carboneras del Corpus Christi
en la Plazuela del Conde de Miranda
En Semana Santa la imagen del Gran Poder hace una estación allí, 

llegando hasta la puerta,
las hermanas le cantan desde dentro, es un momento de gran recogimiento.



Casa de Cisneros en la Plaza de la Villa 

Corredor volado que une la Casa de Cisneros con la de la Villa
sobre una muy corta calle Madrid

Plaza de la Villa


Casa y Torre Lujanes en la Plaza de la Villa

Placa conmemorativa en la Calle Mayor

Casa de Calderón de la Barca - reconstruida
con placa conmemorativa.

Espero que os guste.




viernes, 11 de diciembre de 2015

MIGUEL DE UNAMUNO - POEMAS

29 de septiembre de 1864, Bilbao
 31 de diciembre de 1936, Salamanca




La mar ciñe a la noche en su regazo 


La mar ciñe a la noche en su regazo 
y la noche a la mar; la luna, ausente; 
se besan en los ojos y en la frente; 
los besos dejan misterioso trazo. 

Derrítense después en un abrazo, 
tiritan las estrellas con ardiente 
pasión de mero amor, y el alma siente 
que noche y mar se enredan en su lazo. 

Y se baña en la oscura lejanía 
de su germen eterno, de su origen, 
cuando con ella Dios amanecía, 

y aunque los necios sabios leyes fijen, 
ve la piedad del alma la anarquía 
y que leyes no son las que nos rigen. 

Horas serenas del ocaso breve, 
cuando la mar se abraza con el cielo 
y se despierta el inmortal anhelo 
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe. 

Copos perdidos de encendida nieve, 
las estrellas se posan en el suelo 
de la noche celeste, y su consuelo 
nos dan piadosas con su brillo leve. 

Como en concha sutil perla perdida, 
lágrima de las olas gemebundas, 
entre el cielo y la mar sobrecogida 

el alma cuaja luces moribundas 
y recoge en el lecho de su vida 
el poso de sus penas más profundas. 







Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan...


Hay ojos que miran, - hay ojos que sueñan, 
hay ojos que llaman, - hay ojos que esperan, 
hay ojos que ríen - risa placentera, 
hay ojos que lloran - con llanto de pena, 
unos hacia adentro - otros hacia fuera. 

Son como las flores - que cría la tierra. 
Mas tus ojos verdes, - mi eterna Teresa, 
los que están haciendo - tu mano de hierba, 
me miran, me sueñan, - me llaman, me esperan, 
me ríen rientes - risa placentera, 
me lloran llorosos - con llanto de pena, 
desde tierra adentro, - desde tierra afuera. 

En tus ojos nazco, - tus ojos me crean, 
vivo yo en tus ojos - el sol de mi esfera, 
en tus ojos muero, - mi casa y vereda, 
tus ojos mi tumba, - tus ojos mi tierra.


VENDRÁ DE NOCHE

Vendrá de noche cuando todo duerma,
vendrá de noche cuando el alma enferma
se emboce en vida,
vendrá de noche con su paso quedo,
vendrá de noche y posará su dedo
sobre la herida.

Vendrá de noche y su fugaz vislumbre
volverá lumbre la fatal quejumbre;
vendrá de noche
con su rosario, soltará las perlas
negro sol que da ceguera verlas,
¡todo un derroche!

Vendrá de noche, noche nuestra madre,
cuando a lo lejos el recuerdo ladre
perdido agujero;
vendrá de noche; apagará su paso
mortal ladrido y dejará al ocaso
largo agujero...

¿Vendrá una noche recogida y vasta?
¿Vendrá una noche maternal y casta
de luna llena?
Vendrá viniendo con venir eterno;
vendrá una noche del postrer invierno...
noche serena...

Vendrá como se fue, como se ha ido
-suena a lo lejos el fatal ladrido-,
vendrá a la cita;
será de noche mas que sea aurora,
vendrá a su hora, cuando el aire llora,
llora y medita...

Vendrá de noche, en una noche clara,
noche de luna que al dolor ampara,
noche desnuda,
vendrá... venir es porvenir... pasado
que pasa y queda y que se queda al lado
y nunca muda....

Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,
cuando la tarde en las tinieblas tarda
y espera al día,
vendrá de noche, en una noche pura,
cuando del sol la sangre se depura,
del mediodía.

Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,
y el corazón rendido se le entregue,
noche serena,
de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?
De noche ha de sellar su negro sello,
noche sin pena.

Vendrá la noche, la que da la vida,
y en que la noche al fin el alma olvida,
traerá la cura;
vendrá la noche que lo cubre todo
y espeja al cielo en el luciente lodo
que lo depura.

Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,
su negro sello servirá de broche
que cierra el alma;
vendrá de noche sin hacer ruido,
se apagará a lo lejos el ladrido,
vendrá la calma...
vendrá la noche....


MADRE, LLÉVAME A LA CAMA


Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver....
Estoy aquí, con tu sueño;

duerme, hijo mío, con fe.




HAN VUELTO LOS VENCEJOS…

Han vuelto los vencejos;
las cosas naturales vuelven siempre;
las hojas a los árboles,
a las cumbres las nieves.

Han vuelto los vencejos;
lo que no es arte vuelve;
vuelta constante es la naturaleza
por cima de las leyes.

Han vuelto los vencejos;
¿ves como todo vuelve?
todo lo que ha brotado al sol desnudo,
de la inexhausta fuente;
todo lo que no fue de algún propósito
producto endeble.

Han vuelto los vencejos;
¡augusto ritmo, única ley perenne!
¡el año es una estrofa
del canto permanente!

Todo vuelve, no dudes, todo vuelve;
vuelve la vida;
¡vuelve la muerte!
¡cuanto tiene raíces en la vida
al fin y al cabo vuelve!

¡Han vuelto los vencejos,
y al pecho aquellas mismas ansias vuelven…!
Ahora comprenderás lo que en la vida
quiere decirnos: «¡Siempre!»
Siempre, quiere decir la vuelta, el ritmo,
la canción de la mar en la rompiente;
si la ola se retira
ha de volver, pues es de lo que vuelve.

Vuelve todo lo que es naturaleza,
y tan sólo se pierde
lo que es remedo vano de los hombres,
sus artificios, invenciones, leyes…
Han vuelto los vencejos,
como ellos vuelven…¡siempre!:
con su alegre chillar el aire agitan
y el cielo, con su raudo ir y volverse,
al caer de la tarde
cobrar vida parece.

No se posan ni paran, incansables;
sus pies ¿a qué los quieren?
les basta con las alas,
criaturas celestes.
Con ritmo de saeta, ritmo yámbico,
los versos vivos de su vuelo tejen,
chillando la alegría
de sentirse vivientes…

Han vuelto los vencejos;
los del año pasado, los de siempre,
los mismos de hace siglos,
los del año que viene,
los que vieron volar nuestros abuelos
encima de sus frentes natura fuerte,
verán también volar, negros y leves.

Han vuelto los vencejos;
criaturas del aire que no mueren
— ¿quién muertos los ha visto? —
heraldos de la vida, amantes fieles
del largo día de la mies dorada;
¡han vuelto los de siempre…!

¡Vencejos inmortales,
alados hijos de natura fuerte
heraldos de cosechas y vendimias,
mensajeros celestes,
bienvenidos seáis a nuestro cielo,
vosotros… los de siempre!