Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

martes, 7 de noviembre de 2023

REFRANES POPULARES - MAYO


Mayo es uno de los mejores meses del año. Es primavera, suben las temperaturas, se alternan los días con nubles y claros que se van haciendo más largos, las noches frescas haciéndose más cortas.




Las huertas y campos se llenan de frutos y de flores los jardines. Sobre el día 15 se estabiliza el tiempo, hay días de sol con agradables temperaturas y llega el “veranillo del ruiseñor y las rosas”.


Algunos refranes del mes de mayo


Ya viene mayo por esas cañadas, espigando los trigos y granando cebadas.

Mayo hace el trigo y agosto hace el vino.

Labrador gentil, guarda pan para mayo y leña par abril.

Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo (y si junio es un ruin, hasta el fin).

Cuando mayo va a mediar, debe el invierno acabar.

Febrero revuelto, marzo ventoso y abril lluvioso, hacen a mayo florido y hermoso.

Las mañanas de mayo, las mejores del año.

Si en mayo bien llovió, seco a junio sacó.

Cuando marzo mayea, mayo marcea.

Mayo caliente y lluvioso, ofrece bienes copiosos.

Bellota que no se vea en mayo, no se ve en todo el año.

Agua de mayo crece el pelo y no hace daño.

San Isidro labrador quita el agua y saca el sol. (día 15).

Siembra perejil en mayo, y tendrás para todo el año.

Por San Matías (día 14), igualan las noches con los días, y pega el sol en las umbrías.

Los espárragos de abril, para mí, los de mayo, para el amo, y los de junio, para ninguno.

Cuando mayo va a mediar, debe el invierno acabar.

Mayo frio mucho trigo.

Mayo oscuro y junio claro, pan para todo el año. 

Quien en mayo come la sardina, en agosto come la espina.

Calentura en mayo, salud para todo el año.


Fiestas populares en el mes de mayo :

Por acá solemos decir que mayo es el mes de las flores, y en realidad es totalmente verdad, ya que muchas de las fiestas más populares de este mes están relacionadas con ellas. Como puede ser el Festival de los patios cordobeses, donde se pueden visitar los patios de casas particulares que son engalanados para este evento por sus propietarios. Las conocidas Cruces de Mayo y el concurso de Rejas y Balcones



Festival de Patios cordobeses



Cruces de Mayo y  concurso de Rejas y Balcones. 




Fiestas de San Isidro Labrador celebradas en la Comunidad de Madrid.



En la fiesta del Dos de Mayo se celebra el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas invasoras de Napoleón en 1808. El Día de Madrid es uno de los festivales más patrióticos y populares de España. Las celebraciones más ruidosas se celebran en la Plaza del Dos de Mayo en Madrid. 





Las Fiestas del 2 de Mayo de Móstoles, conmemoran el bando de los alcaldes, Andrés Torrejón y Simón Hernández, que se levantaron en armas contra las tropas napoleónicas que habían invadido España en el año 1808, comenzando así la Guerra de la Independencia (1808-1814). Estas fiestas han sido declaradas de Interés Turístico Regional en 2014 y también de Interés Turístico Nacional desde 2019.




Los mayos (Os maios), fiesta popular gallega. Fiesta de la llegada de la primavera. cuyos orígenes se remontan a las civilizaciones prerromanas. Se suele celebrar a principios de mayo, se baila y canta alrededor de los mayos, que son unas estructuras, inspiradas en la naturaleza, árboles, plantas, aunque en la actualidad se emplean figuras más variadas, con adornos de flores, hojas y frutos.







TEATRO APOLO


Era una sala situada en la calle de Alcalá (nº 45) de Madrid (España). Se inauguró el 23 de marzo de 1873, con un aforo para dos mil doscientos espectadores, conocida por esto como la «catedral del género chico» en el Madrid de la Restauración. Construido en el solar del antiguo convento de San Hermenegildo. La función inaugural fue el 23 de marzo de 1873, estando a cargo de la compañía del actor Manuel Catalina.




En un principio tuvo momentos difíciles, debido a que no estaba muy cerca del centro de Madrid y a que las entradas eran bastante caras para la época (18 reales). A pesar de todo ello, seis años después de su inauguración se convirtió en uno de los teatros más populares de Madrid, gracias a la Zarzuela.

Adoptó la programación de teatro por horas, habitual entre 1870 y 1910, que haría famosa «la cuarta de Apolo»; como era conocida su última sesión, que comenzaba a partir de las doce y media de la noche, con obras «más atrevidas» y un público «más despreocupado y jaranero». 




Unas de las zarzuelas más conocidas y aclamadas por el público fueron: La verbena de la Paloma (1894), La Revoltosa (1897), Agua, azucarillos y aguardiente (1897) El niño judío (1918) y Doña Francisquita (1923) entre otras muchas.

Después de algunos fracasos económicos el edificio fue vendido a una institución bancaria (Banco Vizcaya) y fue derribado, el viejo teatro Apolo desapareció el 30 de junio de 1929.



A finales del siglo XX fue cedido al Ayuntamiento de Madrid, instalándose  el Área de Gobierno de Hacienda y Administración Pública.

Teatro Apolo 

Película de 1950 dirigida por Rafael Gil
Interpretes : María de los Ángeles Morales, Jorge Negrete,
Juan Espantaleón, Julia Lajos,
Francisco Pierrá, María Asquerino, entre otros.

Es una película musical española estrenada en 1950, dirigida por Rafael Gil y protagonizada en los papeles principales por Jorge Negrete y María de los Ángeles Morales. En su época tuvo mucho éxito, por el tema, la buena música y por supuesto por los dos protagonistas en especial Jorge Negrete.


Reparto :

Jorge Negrete como Miguel Velasco
María de los Ángeles Morales como Celia Morales
Juan Espantaleón como Don Antonio
Julia Lajos como Doña Flora
Félix Fernández como Viñot
María Asquerino como Elena Ramos
Luis Hurtado como Ramón Valle
Manuel Arbó como Don Feliciano Velasco
Francisco Pierrá como Don Francisco
Luis Pérez de León
Arturo Marín como Administrador del teatro
Entre otros.

Os dejo varios videos :









La podéis ve completa en 
https://www.facebook.com/100064869042048/videos/%EF%B8%8F-teatro-apolo-pel%C3%ADcula-1950-con-jorge-negrete/424861788568744/

Sin no va directamente copiar y pegar en google, no es necesario iniciar sesión.





miércoles, 16 de agosto de 2023

EL LABERINTO DE LOS ESPIRITUS


de CARLOS RUIZ ZAFÓN Ver escritores


Cuarto y último libro de la Serie - El Cementerio de los Libros Olvidados.


Personajes Principales :

Daniel Sempere : Regenta la librería que un día fuera de su padre, "Sempere e Hijos", está felizmente casado con Bea con la que ha tenido un hijo, Julián. 
Debido a la historia que le va narrando Fermín, comienza a descubrir acontecimientos del pasado que no podía ni siquiera sospechar y que llegarán a transformar sin remedio todo lo que hasta ahora pensaba que era cierto y también su visión del mundo que le rodea.

Beatriz Aguilar : 
Esposa de Daniel, su gran amor desde la adolescencia y que conocimos en La Sombra del Viento", con quien tuvo a su hijo Julián Sempere.


Fermín Romero de Torres : 
Es ayudante en la librería de los Sempere, a los que considera su familia. Cuando está a punto de casarse un incidente del pasado llega para inquietarle y hacerle revivir los oscuros y terribles meses al final de la guerra civil en el castillo de Montjuïc donde estuvo encarcelado.


Alicia Gris : 
Es una investigadora que presta sus servicios en una organización secreta. Alicia es una superviviente de la guerra civil; Fermín le salvo la vida cuando era niña; la cual le dejo una gran cantidad de cicatrices físicas y psicológicas.

David Martín : Nos volvemos a encontrar con el protagonista de El Juego del Ángel, y gracias a los hechos que nos irá contando Fermín conseguiremos mucha más información sobre su vida. 

Julián Carax:  Es el misterioso autor del libro "La sombra del viento" que Daniel escoge en el Cementerio de los libros olvidados.

Mauricio Valls : 
Es el director de la cárcel del castillo de Montjuïc. Es un hombre culto que anhela llegar a convertirse en una persona con un gran prestigio y notoriedad y para ello no dudará en utilizar cualquier medio por poco honrado que sea para conseguir su meta. Es el responsable de la muerte de la madre de Daniel.


La desaparición de un alto funcionario del gobierno de Francisco Franco, Mauricio Valls, desencadenará un complot lleno de persecuciones, asesinatos y misterios cubiertos bajo la manta tétrica y oscura de la Barcelona de finales de los años 50.

En el centro de la investigación de esa desaparición nos encontramos con un nuevo personaje, Alicia Gris. Esta joven tiene un pasado tormentoso y conoce desde hace muchos años a Fermín Romero de Torres que le salvó la vida cuando ella era solo una niña.

Alicia, quien se muestra ante nosotros como una mujer fría pero que oculta una parte de su alma atormentada y que se dedicará de lleno a investigar el caso de Mauricio Valls, junto a su compañero el capitán Vargas, quienes descubrirán un red llena de mentiras en los que el régimen de Franco será el principal sospechoso.


Con este libro, Zafón nos introduce en los más oscuros pormenores de una de las épocas más duras y oscuras para España, en la que miles de personas resultaron afectadas y de la que aún hoy existen secuelas que han sido documentadas por prensa, televisión e incluso organismos del Estado.

Como en las entregas anteriores, Fermín Romero de Torres y Daniel Sempere serán una de las claves para descubrir el verdadero motivo de la trama, pero no serán los únicos, ya que el hijo de Daniel, Julián, terminará teniendo un papel esencial en esta historia.

En la Barcelona de finales de los años 50, Daniel Sempere ya no es aquel niño que descubrió un libro que habría de cambiarle la vida entre los pasadizos del Cementerio de los Libros Olvidados. El misterio de la muerte de su madre Isabella ha hundido su alma en una profunda depresión de la que su esposa Bea y su fiel amigo Fermín intentan salvarle.

Justo cuando Daniel cree que está a un paso de resolver el enigma, una conjura mucho más profunda y oscura de lo que nunca podríamos haber imaginado despliega su red desde las entrañas del Régimen. Es entonces cuando aparece Alicia Gris, un alma nacida de las sombras de la guerra, para conducirnos al corazón de las tinieblas y desvelar la historia verdadera y secreta hasta ahora de la familia Sempere no obstante a un precio atroz.


El Laberinto de los Espíritus es un relato emocionante lleno de pasiones, intrigas y aventuras. A través de sus páginas llegamos al gran final de esta saga iniciada con La Sombra del Viento, que alcanza aquí toda su intensidad y emotividad, a la vez que dibuja un fantástico homenaje al mundo de los libros, al arte de contar historias y al vínculo mágico entre la literatura y la vida.





Una gran novela que te engancha hasta llevarte al gran final de esta estupenda y maravillosa saga que recrea el mundo creado por Zafón "El cementerio de los libros olvidados" que siempre es una buena recomendación y que ya formará parte de nuestra vida y de nuestra memoria.



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jueves, 27 de octubre de 2022

LA LEYENDA DE LA FLOR BLUEBONNET

UNA ANTIGUA LEYENDA DE TEXAS


Los comanches más ancianos cuentan que hubo un tiempo lejano en que el Gran Espíritu se enfadó con su pueblo. Sufrieron una terrible inundación, que fue seguida de una gran sequía. Los campos secos no producían alimentos, los guerreros estaban tan débiles que no tenían fuerzas para salir a cazar búfalos. La comida escaseó y las gentes de las tribus de Texas empezaron a morir.


Tocaron tambores, bailaron danzas, entonaron canciones y rezos pidiendo la lluvia. Pero sus ruegos no fueron escuchados. Los veranos fueron tan ardientes que terminaron de achicharrar los cultivos. Nubes de polvo ahogaban a niños y a ancianos. El invierno los castigó con ventiscas inclementes. Sin agua que beber, murieron tantos que nadie fue capaz de recordar su número. El consejo de ancianos se reunió una noche en torno al fuego. Después de una larga deliberación decidieron enviar al chamán a las montañas para parlamentar con el Gran Espíritu. Tres días después, regresó y contó a su pueblo que éste estaba enojado con ellos por su egoísmo. Sólo había una forma de penar por sus males, y era mediante una ofrenda. Cada uno de ellos debía renunciar a su posesión más estimada. Encenderían una hoguera y esparcirían las cenizas al viento para que su dios se congraciara con ellos.

Hombres y mujeres hicieron lo que se les pedía, renunciaron a sus posesiones más queridas, que ardieron en una enorme hoguera.


En uno de estos poblados vivía una niña de unos siete años, nadie sabía su verdadera edad porque había sido recogida por la familia de un guerrero, ya que todos los suyos habían muerto durante la hambruna. La llamaban La Que Está Sola, aunque en realidad no lo estaba pues todos cuidaban de ella.


La niña poseía muy pocas cosas, su tesoro más preciado era su muñeca. Su abuela la había hecho para ella, vistiendo su cuerpo de piel de búfalo relleno de paja. Había pintado los ojos con zumo de bayas, que alegraban su rostro de cuerno pulido. Tenía unas bonitas trenzas de crin de potrillo, decoradas con las plumas de un pájaro azul. La Que Está Sola amaba aquella muñeca porque era el único recuerdo que le quedaba de sus seres queridos. Abrazarla cuando dormía la unía a su familia, que descansaba en la Tierra de las Cacerías Felices, adonde iban las sombras de todos aquellos que habían muerto.


Aquella noche, lloró mucho, procurando no hacer ruido para no despertar a su familia de adopción. Las lágrimas empapaban su rostro porque sabía lo que tenía que hacer. Con sigilo, salió del tipi y recogió en un cubo unas ascuas de la hoguera de las ofrendas. Subió a la colina y, ayudada por unas ramitas, avivó el fuego. Tomó su preciada muñeca y alzó la voz hacia el cielo:


—Oh, Gran Espíritu. Aquí tienes mi muñeca. Es lo único que tengo y lo que más quiero. Envía la lluvia.


La tiró a la hoguera y se sentó a verla arder. Su corazón triste se confortaba con la idea de la gente que iba a morir si no llegaba la lluvia. Esperó despierta hasta que las brasas se apagaron. Cuando estuvieron frías, cogió dos puñados de cenizas y giró sobre sí misma, esparciéndolas a los cuatro vientos. Era tan pequeña que, rendida como estaba, se quedó dormida sobre la hierba reseca.


Al alba, cuando despertó, La Que Está Sola no podía creer lo que veía: llanuras y laderas, toda la tierra que alcanzaba su vista estaba cubierta de flores del mismo color que las plumas que decoraban el cabello de su muñeca.


La tribu, que ya la buscaba, se alegró al verla llegar y salieron a su encuentro. Ella temía que la riñeran por haberse escabullido en plena noche. Les contó lo que había hecho y todos supieron que aquel manto de flores azules era un regalo del Gran Espíritu, el premio a su sacrificio.


Pronto comenzó a llover, las tribus bailaron felices. Desde aquel día, los comanches la llamaron La Que Ama A Su Pueblo. Y, cada primavera, el Gran Espíritu sigue cubriendo los campos de Texas con millares de bluebonnet para que nunca se olvidara la generosidad de aquella niña.




 
Bluebonnets (Lupinus texensis)

Es una de las flores oficiales del estado de Texas.







REFRANES POPULARES - NOVIEMBRE


Treinta días trae noviembre con abril, junio y septiembre, los demás de 31, menos febrerillo el mocho que sólo tiene veintiocho. 

Noviembre: el mes que representa la transición entre el otoño templado y la llegada del próximo invierno.




Noviembre acabado, invierno empezado.

Noviembre es de estío la puerta del frío.

Noviembre caliente, mayo helado.

Del veinte de Noviembre en adelante, el invierno ya es constante.

No pase noviembre sin que el labrador siembre.

Marzo trae las hojas y noviembre las despoja.

Por Todos los Santos (día 1) a más tardar el trigo has de sembrar.

De todos los Santos a Navidad, o bien llover o bien helar.

Por Todos los Santos, los trigos sembrados y todos los frutos en casa encerrados.

Por todos los Santos, nieve en los altos, por San Andrés, nieve en los pies.

Por San Eugenio (día 15), castañas al fuego, lumbre en el hogar y ovejas a guardar.

Por Santa Catalina (día 4) la nieve y el frío se avecinan.

Por Santa Catalina, prevente de leña y harina.

Ajo ¿por qué no medraste? Porque en San Martín (día 11) no me sembraste.

A cada puerco le llega su San Martín (día de matanza del cerdo)
Por San Martino (día 11), mata el pobre su cochino.

Castañas, nueces y vino, son la alegría de San Martín.

El veranillo de San Martín dura tres días y fin.
(En el hemisferio sur ocurre un fenómeno similar en invierno, conocido como Veranillo de San Juan)

Ya en el veranillo, la madurez es del membrillo.

Por Santa Cecilia (día 22), la nieve en la rodilla la vaca en la cebilla.

Si en noviembre oyes que truena, la siguiente cosecha será buena.

Por San Andrés (día 30), el vino nuevo, añejo es.

Llegando San Andrés, todo el día noche es.

El vareo de San Andrés, mucha aceituna deja caer.

Dichoso mes que empieza con todos los Santos media con San Eugenio (día 15) y termina con San Andrés.







martes, 29 de junio de 2021

LOS NADIE - Fragmentos


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


El libro de los abrazos

Eduardo Galeano



 





martes, 8 de diciembre de 2020

LAS TRIBULACIONES DE LA PASIÓN MÁGICA




En la época en el rey Arturo tenía su corte en Camelot, su inquieta reina, Ginebra, acostumbraba coquetear con los jóvenes caballeros de su ejército. Pero un noble llamado Launfal resistió a las lisonjas de la hermosa dama, a pesar de arriesgar su vida al desdeñarla. El noble había entregado su corazón a un hada que había encontrado en el bosque, en una época en que había caído en desgracia en la corte.


Él encuentro se produjo de este modo. Un día de San Juan, solo y melancólico, Launfal cabalgó hasta la profundidad del bosque y cuando por fin desmontó, se tumbó sobre la verde loma y cerró los ojos bajo los rayos del sol. Al cabo de un rato, lo despertó el murmullo de unas dulces voces. No muy lejos había dos doncellas de dorados cabellos, que le hicieron señales. Se puso en pie y las siguió por entre los árboles hasta llegar a un claro cubierto de flores silvestres, donde vio una tienda de seda bordada, adornada con rosas doradas y rematada por un águila de oro. Cobijaba a una doncella tan radiante que todo recuerdo de la belleza mortal se borró de su mente.





Ella lo saludó cortésmente y le dio la mano y, con este simple contacto, el amor surgió entre ambos. Launfal le pidió que se quedara para siempre con él, pero esto no era posible, él era mortal y ella un hada. Sin embargo, le explicó que podría aparecer siempre que él lo deseara, aunque bajo ciertas condiciones; jamás debía mencionar su existencia (lo que no era ninguna nadería, en unos tiempos en que los nobles dedicaban cada hazaña a una dama), y no debía llamarla a su lado cuando otros mortales estuvieran presentes. Si se daba a conocer su existencia, ella se marcharía para siempre a sus lejanos dominios. Muy apropiadamente, su nombre era Tryamour, que significa "prueba de amor".


Launfal aceptó sin dudar sus condiciones, y toda aquella larga tarde estuvieron juntos en el soleado claro. Cuando el noble volvió a la corte de Camelot, parecía un hombre diferente. Lujosamente vestido, bien armado y montando un magnífico corcel.


Se encerraba a solas en su aposentos por la noche, que era cuando su amada Tryamour iba a verlo; y durante el día resplandecía de felicidad. Esto no pasó inadvertido a la reina, cuyos ojos grises se posaban en él pensativos de vez en cuando. No quiso hacer comentarios, pero un buen día hizo llamar a Launfal.


El noble encontró a la reina en un sombrío jardín del palacio circundado por altos muros. La dama fue directa al grano: Launfal se había convertido en una obsesión para ella; deseaba que fuera su amante. Imposible, el caballero rehusó con toda la cortesía posible.





-¡No eres digno del amor de una mujer! -le gritó la soberana.

-Majestad -dijo Launfal-, tengo el amor de una dama cuya doncella más humilde os supera en belleza.


Era un insulto, desde luego, pero también algo peor. Launfal había revelado la existencia de su amante y. por lo tanto, cerrado la puerta entre el mundo mortal y el País de las Hadas. Sacudiendo las enjoyadas trenzas y dejando un reguero de amenazas, Ginebra abandonó el jardín. Launfal se encerró en su habitación y lloró, había traicionado a Tryamour. Cuando la llamó, no recibió respuesta alguna.


Al poco rato, unos fuertes golpes resonaron en su puerta. El noble fue atado y conducido ante el rey Arturo, por motivos que no tardó en saber. Ginebra había contado al monarca que su caballero había intentado seducirla y que, ante su negativa, la había insultado con la belleza de su amante.


El castigo para la doble infracción era la muerte. Pero los caballeros de Arturo se mostraron indecisos al oír el relato de la reina, ya que sus costumbres amatorias eran bien conocidas por todos. Apoyaron a Launfal y finalmente sólo se le pidió que presentara a su amante en plazo de un año, para que todos pudieran comparar su belleza con la de la reina. Esto, claro está, Launfal no podía hacerlo. Así pues, llegado el día se encontró en el patio del palacio, con la cabeza inclinada y los brazos atados, esperando morir en la hoguera.


Pero antes de que encendieran el fuego, una brisa fresca, cargada con el aroma de las flores silvestres, rompió la sofocante quietud. Por la puerta del castillo, sobre un hermoso caballo blanco apareción Tryamour. Sus cabellos eran una aureola dorada, tenía la mejillas levemente sonrojadas y su cuerpo era vivaz y centelleante con un rayo de sol. Dedicó una sonrisa a Launfal y, sin una palabra, se volvió hacia el rey y su corte. Todos callaron.






-Si eres la dama de Launfal -dijo por fin el monarca-, nadie puede negar que dijo la verdad y por tanto queda en libertad.


Los caballeros desataron a su camarada, y éste, sin volver la mirada atrás, cruzó el patio hasta su amada, la doncella del País de las Hadas y montó de un salto detrás de ella sobre la grupa de blanco corcel. Launfal y Tryamour atravesaron juntos las puertas del castillo y penetraron en el prado situado más allá, perdiéndose en la distancia hasta desaparecer por completo.


Nadie volvió a ver Tryamour. Se decía que había conducido a su amado al otro lado de las agua a vivir en la isla mágica de Avalon, de la que ella nunca pudo regresar. Pero Launfal reaparecía en los bosques cercanos a Camelot una vez al año en la víspera del día de su marcha. 


En la tenue luz del crepúsculo, una figura espectral, montada  en un espléndido corcel, cabalgaba sola, como una sombra y mostrando una pequeña añoranza en el rostro recordando el mundo mortal que había abandonado.










 



CAMELOT - GLORIA Y CAÍDA - 3.

... 


L a reivindicación no fue bien recibida en todas partes, ya que los nobles de Inglaterra no deseaban ser gobernados por un desconocido. Pero tenían la palabra del hechicero de que Arturo era el legítimo monarca, y lo que era más importante, la evidencia de la espada y la del hombre mismo: por las venas de Arturo corría sangre de reyes, y se le había educado para ocupar una posición elevada. Así pues, en el plazo de un año fue coronado y los príncipes del país hubieron de doblar la rodilla ante él. Aquellos que, años atrás, habían amado a Uther - Baudwin de  Inglaterra, Ulfin, Brastias, Leodegan de Camelerd, Pellinore de las Islas -  asistieron  de buena gana, llevando sus ejércitos. Mucho más, no obstante, eran enemigos secretos que aguardaban la ocasión para hacerse con el trono. El principal de ellos era Lot, que rumiaba allá en el norte, en sus islas azotadas por el viento.


El primer ataque lo realizó el año siguiente a la coronación, cuando Arturo celebraba audiencia en la fortaleza de Caerleon en Gales. Lot fue a aquella reunión con los aliados que había obtenido: Urien de Gorre, Nentres de Garlot, el rey de Escocia y el rey de Carados. Cuando el mensajeo de Arturo les dio la bienvenida, respodieron, tal y como hicieron constar los historiadores, que "era una vergüenza para todos ellos que un muchacho gobernara tan noble reino".


La primera respuesta provino de Merlín. Apareció una noche; primera una sombra y luego un hombre de carne y hueso; en la fogata alrededor de la cual se habían reunido los reyes rebeldes. El hacedor de reyes, ahora al servicio del monarca que había coronado, los estudió a todos con mirada glacial.

- Sería mejor que abandonaseis esta locura, caballeros. No venceríais ni que fuerais diez veces más.

Urien, súbitamente asustado, se santiguó. Lot escupió a los pies de Merlín.

- ¿Hemos de prestar atención a un descifrador de sueños? - replicó y se echó a reír.

Pero el hechicero ya había vuelto a desaparecer entre las llamas.


A la mañana siguiente, Arturo cayó sobre el campamento con su caballería. coronas de oro resplandecían sobre su escudo y una espada mortífera brillaba en sus manos; no eral la espada de ceremonia que lo había hecho rey, sino un arma forjada por los elfos, la espada Caliburn, extraída de un lago por la magia de Merlín. Ningún enemigo podía oponerse a ella. Es más, incluso su funda era mágica: el sólo roce de su vaina, murmuraban los guerreros, podía curar la herida más grave. No era espada para seres mortales, decían.



Durante la batalla que siguió, el rey se mantuvo siempre a la cabeza y la fabulosa espada no dejó de matar. La infantería de  Lot fue pisoteada; los reyes rebeldes y sus cabal leros mantuvieron la formación, pero la furia salvaje del Supremo Monarca los obligaba a retroceder continuamente. Finalmente, dieron media vuelta y huyeron.

Arturo los persiguió... pero mucho después. Aguardó durante meses, sopesando los informes que llegaban desde territorio escocés, informes de una reunión de once ejércitos bajo las órdenes de Lot, una hueste que barrería Inglaterra para derribar al Móonarca.



 P ero, antes de que Lot actuara, Arturo se puso en marcha. Todos sus efectivos avanzaron por el sendero del norte: caballeros y escuderos, soldados de a pie, mulas de carga, carretas de provisiones, armeros, cirujanos y mujeres rezagadas. Cruzaron un territorio profusamente arbolado y a todo lo largo de los márgenes del sendero los árboles de agitaban y crujían, como ofreciendo un débil eco al golpeteo y tintineo de los arneses, al chirriar de las ruedas de los carros, al chasquido de los arcos y al ruido de las pisadas. Pero no eran ecos. Merlín había suscrito una alianza con Ban de Benwic y Bors de la Galia; había arrojado un manto de invisibilidad sobre los ejércitos franceses y él mismo conducía al norte, a través del bosque; una tropa fantasma que flanqueaba a los hombres del monarca.


Este ejército espectral fue el que finalmente cambió el rumbo de la batalla a favor de Arturo. Ban y Bors no podían por su honor esconderse bajo la invisibilidad; no obstante, si podían permanecer emboscados de modo que las tropas de Lot avanzaran, incitadas por el aparentemente pequeño ejército de Arturo. Y eso es lo que sucedió. Los dos bandos se enfrentaron en un campo que limitaba con el bosque de Bedegraine, muy cerca de un río que marcaba la frontera con Escocia. Allí, Arturo y sus caballeros esperaron, inmóviles como rocas sobre los poderosos corceles, las lanzas apoyadas en los muslos. Y entonces la fría mano de la muerte cayó sobre hombres y bestias con tal desenfreno que, según cuentan, los caballeros no tardaron een quedar cubiertos de sangre hasta los espolones y el emblema del escudo de Arturo desapareció bajo la sangre que lo salpicaba. Cuando el combate era más encarnizado, Ban, Bors y sus ejércitos salieron de entre los árboles, Lot y sus hombres se detuvieron al ver estas tropas, dirigidas por dos monarcas que eran considerados los mejores guerreros del mundo. Se acobardaron y, dando trarspiés por entre los cuerpos destrozados y los charcos de sangre, abandonaron el campo de batalla.


Arturo siguió adelante, flanqueado por sus heraldos, con Bors y Ban, justo detrás. Dse pronto los caballos de setuvieron y quedaron inmóviles, sudoroseos y temblorosos. Ninguna espuela podía moverlos. Merlín estaba de pie en medio del terreneo. 

-Ya ha habido suficientes muertes - anunció-. Habéis matado las tres cuartas partes duee sus hombres. No vais a seguir; ya tendréis otra oportunidad. Y hay enemigos en las costas del norte. Lot tendrá que asegurar su retaguardia antes de amenazar los reinos ingleses.

 

Merlín no dijo nada más, pero todos los que lo escucharon comprendieron que stenía razón. El Supremo Monarca se retiró a sus propias tierras, y los reyes a su mando se dispersaron hacia sus territorios, todos excepto Bors y Ban, sus aliados del otro lado del mar.


Los reyes Bors de la Galia y  Ban de Benwic
(Walter F. Enright)


Los tres soberanos fueron a la fortaleza de Arturo, llamada igual que el bosque que la rodeaba, Bedegraine, donde los esperaban mensajeros de su aliado Leodegran de Camelerd, en el sudoeste de Inglaterra, cerca de Cornualles. Merlín permaneció junto al Monarca mientras los emisarios hablaban atropelladamente de los enemigos de Leodegran, gentes que intentaban acabar con su reino. El hechicero observó a los hombres con atención y luego frunció el ceño.

-Señor -dijo Merlín, que siempre pudo ver lo que le sucedería a Arturo-, no vayáis a Leodegran.

-Hechicero, no intentéis retenerme. Loedegran fue vasallo de mi padre y es también mi aliado -respondió el rey, y abandonó la sala.


Así pues, el Monarca marchó hacia el sur en otoño, a través de los prados inundados y las marismas del llamado País del Verano, hogar de gentes que vivían en pequeñas y móviles aldeas lacuestres* y utilizaban botes hechos de cuero en lugar de caballos. Estas gentes eran los aislados supervivientes de una raza anterior; su metal era el bronce, no el hierro y adoraban a antiguos dioses desconocidos para Arturo y sus hombres. Éstos pasaron junto a la elevada colina gobernada por Melwas, un príncipe que se sabía tenía tratos con los antiguos; la colina estaba cubierta de manzanos repletos de rojos frutos, pero ningún mortal se atrevía a tocarlos. Eran el alimento de las hadas, dijeron los soldados.


El ejército de Arturo descendió hasta la costa, y luego siguió por la orilla hasta la fortaleza de Leodegran. Luchó como un león por Leodegran, y venció. Los cronistas cuentan que murieron centenares de hombres en la batalla.


Sin embargo no fue la victoria la recompensa de Camelerd. Trás la batalla, cuando el Monarca celebraba un banquete en la sala de su vasallo, la rueda de su destino comenzó a girar. La sala tenía las paredes muy altas, cubiertos de hermosos tapices, y largas mesas la bordeaban. La mesa del señor del castillos era enorme y redonda, no como las utilizadas por otros reyes. Los recipientes que la adornaban eran de cristal y oro, y reflejaban la luz de las antorchas y el fuego de la chimenea.


Y  la doncella que sirvió el vino a Arturo también reflejaba la luz. Era una muchacha alta; llevaba los cabellos sueltos y sin adornos a excepción de un aro de princesa, sus cabellos tenían el tono castaño de las hojas en otoño, con toques de dorado gracias al sol. Mantenía la vista baja como correspondía a una doncella, su pestañas proyectaban sombras sobre su rostro. La túnica que llevaba era blanca y la manos que sostenían el cuerno de la bebida eran largas y pálidas; toda ella olía a flores.


Arturo no era un novato en cuestión de mujeres, al ser un guerrero de oro sin rival en el campo de batalla, disfrutaba de la admiración de aquellas. Tenía ya un hijo con la hija de un caballero llamada Lionors, por la que se había sentido atraído en cierta ocasión. Pero esta mujer desde luego no era el simple retoño de un caballero; lejos de demostrar admiración, ni siquiera lo había mirado ni le había hablado. Se sintió fascinado.


Leodegran, sentado junto a él, captó su mirada y dijo:

-Ésa es mi hija, majetad.

-Una noble doncella -respondió el rey. Se volvió para hablar con ella, pero la muchacha había desaparecido de la sala.

-Se llama Ginebra -añadió Leodegran, y enseguida llevó la conversación a otras cuestiones.


Arturo no volvió a ver a la hija del noble hasta el día en que abandonó la fortaleza. Mientras montaba, un movimiento llamó su atención. Con la veloz reacción del guerrero, se volvió sobre la silla. La doncella estaba en la ventana de una torre baja de piedra contemplándolo solemne. Él alzó una mano en señal de despedida; luego se alejó.



Desde una ventana elevada observaba Ginebra, hija de Leodegran de Camelerd, 
una princesa digna de ser reina. 
Arturo la vio y su imagen quedó grabada en su memoria



*Lacustre, en ecología, es el ambiente de un lago. En sedimentología, es el medio sedimentario propio de los lagos y en ictiología, describe una población de peces que completan su parte del ciclo de vida dentro de lagos.


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viernes, 2 de octubre de 2020

CAMELOT - GLORIA Y CAÍDA - 2.

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Cuando Merlín se enteró de que Uther agonizaba, fue a ver al soberano y le pidió la confirmación que deseaba: que Arturo, único hijo de Uther fuera nombrado rey de los ingleses. Y dicen los cronistas que el rey consintió. Esto sucedió a los dos años del nacimiento del niño.


Pasaron aún trece años antes que Merlín tomara medidas para colocar a Arturo en el trono; trece largos años mientras los príncipes de Inglaterra luchaban y el pueblo padecía; trece años mientras el niño que no sabía que era un rey, alcanzaba la pubertad. Arturo soportó una dura y paciente preparación durante este período y cuando por fin apareció, era realmente regio, un auténtico príncipe y la flor de la caballería.


Se reveló su existencia al mundo en Navidades. Durante las semanas y meses previos, los mensajeros de Merlín cabalgaron por toda Inglaterra, convocando a todos los príncipes del reino a Londres para pedir consejo sobre la coronación de un rey que volvería a unirlos a todos, como lo habían estado con Uther. Durante todo el mes de diciembre, grupos de hombres a caballo recorrieron los polvorientos senderos y desmoronadas carreteras que conducían a la ciudad. Fuera de sus murallas, un campamento enorme creció sobre los altos brezos y helados rastrojos de los campos invernales, un revoltijo de tiendas multicolores y estandartes dorados, todo ello recubierto de una cortina de humo procedente de las fogatas.


Y dentro de ls murallas de Londres, por cuyas estrechas callejas deambulaba Merlín ataviado con su oscura toga de erudito, la magia andaba suelta. En el centro de la ciudad, muy cerca de la torre que fue su antigua fortaleza, se alzaba una pequeña capilla, construida para albergar el altar de algún antiguo dios; un claustro y un patio cubierto de hierba lindaban con ella, recordatorios de que en una ocasión había formado parte de un monasterio. En el patio había una enorme piedra, atravesada por una espada de hoja ancha. Sobre la piedra, en letras que despedían luz propia, había una inscripción: Aquel que extraiga esta espada de la piedra será el rey de toda Inglaterra por derecho de nacimiento.


 T odos los reyes; Lot, Urien de Gorre, Ban de Benwic de Francia, Idres de Cornuales y muchos otros;  fueron a examinar la espada. Eran conscientes de su importancia, pues descendían de tribus expertas en la lucha con espada y de nobles cuyos símbolos del cargo eran piedras sagradas. Por ejemplo el trono en el que se coronaba al rey de Irlanda, era el Lia Fail, la Piedra del Destino, que chillaba cuando el pie del legítimo rey la tocaba. Así pues, todos los reyes ingleses intentaron sacar la espada: ¡A saber la sangre de cuál de ellos dispararía la magia!. Pero la piedra se negó a entregar su tesoro a cualquiera de ellos.


Merlín observó las pruebas sin hacer ningún comentario. Pero el primer día de Navidad, cuando los reyes se reunieron en la sala de la fortaleza, los hizo callar a todos. Con voz fría y seca, les dijo: "No ha llegado aún aquel que conseguirá la espada". Y les dejó que meditaran, que formaran y rompieran alianzas, y conspiraran entre ellos.


La Navidad transcurrió entre murmuraciones y disputas por parte de4 la facciones que maniobraban para obtener el poder. Llegó el nuevo año y con él un sol radiante y un viento helado que recorrió las sinuosas calles de Londres, sacudiendo los postigos de las ventanas y los letreros pintados de tiendas y posadas.


Bajo uno de estos letreros - un arbusto pintado que indicaba una vinatería - había tres hombres aquella mañana de Año Nuevo. Dos de ellos eran bajos de estatura, macizos y morenos al estilo de los galeses. Ambos llevaban cotas de malla; sostenían los yelmos bajo el brazo mientras conversaban con acento del oeste. El tercer hombre era alto y ancho de espaldas, con cabellos de un rojo dorado que el viento alborotaba. Era tan fuerte, tan natural su elegancia, que parecía capturar y retener la luz del sol, y aunque vestía la túnica y capa de un escudero, atraía las miradas de los transeúntes. Permanecía apoyado en la pared de la vinatería, sin prestar atención a los admirados comentarios de las amas de casa y escuchaba a sus compañeros. Aquel joven era Arturo, un elegante hidalgo no lo bastante mayor, al parecer, para el título de caballero. Los otros dos eran Kay, a quien creía su hermano mayor y Ector, su supuesto padre. Los tres acababan de llegar de los dominios galeses de Ector.


Kay, siempre colérico, estaba de mal humos, pues había olvidado su espada en el campamento situado fuera de las murallas de la ciudad. Los rudos comentarios de su padre sobre su negligencia enfurecían al joven quien, reacio a pelar con su padre; e incapaz de hacerlo; se volvió contra Arturo y le ordenó ir a buscar la espada.


Arturo, harto de charlas y contento de hacer algo, le respondió con una desenvuelta semirreverencia y se alejó calle abajo por entre las torcidas casas de madera, zigzagueando entre los charcos helados, los cerdos que hurgaban en la basura, las pescaderas con sus pesados cestos y los panaderos con sus montañas de enormes hogazas redondas de pan. Al final del sendero, un anciano le tiró de la manga. La dorada cabeza se inclinó un instante, escuchando con cortesía. Después, con el anciano andando a su lado, Arturo dobló la esquina y desapareció.


Cuando regresó al cabo de una hora, tenía el rostro contraído y serio, pero sus ojos relucían. Su mano sujetaba un espadón sin vaina. Enarcó las cejas inquisitivo al ver  a su hermano solo y éste señaló en dirección a la vinatería, a donde Ector había entrado. Luego extendió las manos para recibir la espada. Arturo depositó la hoja con suavidad sobre las manos de Kay al tiempo que decía:

- Esta espada es mía, hermano.

El joven la dio vuelta para examinar la filigrana que adornaba la empuñadura y las ágatas y cornalinas que brillaban entre el oro y repuso:

- Ésta no es una de nuestras espadas. ¿De quién es?

- En el patio de una iglesia situada junto a la fortaleza hay una piedra - explicó Arturo - Esta espada estaba en la piedra. La invoqué como me dijeron y logre sacarla.

- Yo soy el mayor - declaró Kay, mirándolo fijamente con ojos entrecerrados. Después llamó a gritos a su padres, cuyo rostro apareció en la ventana de la tienda.

"Señor - dijo Kay -, ésta es la espada de la piedra sagradas de que hemos oído hablar. Yo la he encontrado; me proporcionará una corona.

Arturo hizo un veloz movimiento que contuvo al instante. El rostro de Ector desapareció de la ventana y en un instante se reunió con ellos. El anciano contempló inexpresivo a sus hijos, uno ardiendo de furia, el otro desafiante, pero temblando tanto que las joyas de la espada que sostenía centelleaban bajo la luz de sol.


- Vayamos, pues, al lugar donde está la piedra - ordenó Ector.

Así lo hicieron y cuando se encontraron en el silencioso patio junto a la piedra vacía, Ector se volvió hacia Kay.

- Hijo - dijo -, jura ahora por tu honor que tú mismo encontraste la espada que sostienes y la arrancaste de la piedra.

Los muros mismos del patio parecieron suspirar y escuchar. Finalmente Kay negó con la cabeza.

- He mentido - dijo -. Mi hermano encontró la piedra y arrancó de ella la espada. Y devolvió la espada al muchacho.

- Veamos, pues - repuso Ector.



 A  indicación suya, Arturo volvió a colocar la espada en la enorme piedra. Ector intentó sacarla; la empuñadura ardía en su mano, dijo, pero la espada no se movió. Kay lo intentó, pero el arma permaneció encajada en su pétrea prisión. Por fin, Arturo rodeó con las manos la dorada empuñadura. Las letras de la piedra resplandecieron y con un siseo metálico, la espada se soltó.


Ector cayó lentamente de rodillas. Posó las manos sobre las de Arturo, que sujetaban la empuñadura de la espada, e inició la solemne recitación de un juramento de lealtad. Mientras lo hacía, Kay se arrodillo a su lado.

- Padre - exclamó Arturo, cuando Ector hubo concluido -, no os arrodilléis.

- No, mi señor, no soy vuetro padre sino tan sólo aquel que os crio y enseñó. Sabía muy bien que erais de sangre más noble que la mía.

- Eso es cierto - dijo otra voz. Un rostro brilló entre las sombras del claustro y apareció Merlín.

- Vos sois el que me trajo al niño para que lo cuidara - profirió Ector.

- Vos sois el que me guio hasta esta piedra - exclamó Arturo.

- Lo soy - replicó el hechicero-. Yo soy quien os ha conducido al trono, hijo de Uther Pendragon, Supremo Monarca de Inglaterra.

Arturo alzó la cabeza; su mano se cerró con fuerza sobre la empuñadura de la espada mientras el manto del poder lo envolvía y su voz era clara al reclamar la corona.

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