Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
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"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

jueves, 28 de julio de 2016

DIEGO RIVERA Y FRIDA KAHLO


"El elefante y la paloma": 
dos grandes pintores mexicanos unen arte, amor y revolución.


Cuando Diego Rivera y Frida Kahlo se conocen en 1927 en México, en casa de una amiga común, la fotógrafa italiana Tina Modotti, él tiene cuarenta y un años y ella sólo veinte. Para estos dos pintores, el arte es indisociable de la revolución, primero la revolución mexicana en 1910 y después la de 1917 en Rusia. Ambos son miembros del partido comunista.


Conocido mundialmente, Diego Rivera es el jefe de filas del muralismo, cuyos frescos heroicos exaltan al pueblo mexicano y la cultura india. De 1907 a 1921 viaja por Europa y sobre todo destaca su estancia en París, donde frecuenta a grandes pintores como Picasso, Braque, Modigliani o Derrain.


Hombre mujeriego, Rivera posee un pasado plagado de numerosos amores. Con la pintora Angelina Beloff (mexicana con orígenes rusos) vive durante un periodo de diez años, perdiendo un hijo debido a las privaciones sufridas durante la guerra. Con Marevna, otra pintora rusa, tiene una hija en 1919, que posteriormente fue conocida cono Marika Rivera (actriz). A su regreso a México se casa con Guadalupe Marín, con quien tuvo dos hijas. Frecuentó el medio artístico y cosmopolita de México y siempre estuvo en el centro de veladas y reuniones; este gigante "inquietante, mentiroso, violento y terriblemente seductor en su inmensa fealdad" posee un "rostro de guerrero olmeca y una corpulencia de luchador japonés". Es un ogro sensible y trastornado por la mirada de la joven Frida, "sombría, brillante, tensa, que le interroga con la sinceridad de su juventud y le intimida". Le seducen, su alegría, su ardor y su valentía.




Frida Kahlo es bella, orgullosa y posee una energía prodigiosa. Una tierna complicidad la une a su padre, fotógrafo venido de Alemania a la edad de dieciocho años, y que le inculca su pasión  por la naturaleza y por el contrario aflige a su madre al desear poder ser totalmente independiente.


Una poliomielitis la deja coja y a los dieciocho años es víctima de un terrible accidente de autobús. Las secuelas la hacen sufrir durante toda su vida, la obligan a someterse a numerosas operaciones, muy dolorosas, de la columna vertebral y a llevar un corsé de forma casi permanente, pero ella lo acepta con ánimo, humor -a menudo negro- y con elegancia.


Dolores y Tormentos, Traiciones y Sufrimientos.


Empezó a pintar tras su accidente, inmovilizada en la cama con dosel, en la "casa azul" de su infancia en Coyoacán, cerca de México. Con el mismo realismo con que Rivera pinta al pueblo anónimo, pero con un estilo más próximo al arte popular mexicano, pinta su entorno y sobre todo se pita a sí misma. Sus autorretratos ofrecen a las miradas su cuerpo herido, abierto y operado, su soledad, su angustia y sus esperanzas, con una honradez y un valor que excluyen todo voyerismo. "Me pinto porque estoy sola -dice- y además es el tema que conozco mejor".


A los dos años de conocerse, se celebra la boda, 21 de agosto de 1929, de estos dos seres tan diferentes, según sus familiares, fue la boda de el elefante y la paloma".


Foto de boda

Viven su pasión y su arte con una pasión a menudo tormentosa. Para complacerle, ella lleva a partir de entonces las faldas con volantes, los caracos y el rebozo (chal de algodón) de los mexicanos. No se depila el labio superior, ya que a él le gusta este bigote, signo de su origen español y no indio. Él admira su pintura, que considera superior a la suya. Para ella, él es el centro de su vida. Le representa a menudo en sus telas, por ejemplo como un niño en sus brazos; en un autorretrato famoso, el rostro de su marido está pintado en su frente.


El embajador de Estados Unidos encarga a Rivera que restaure la casa de Hernán Cortés en Cuernavaca. Este encargo le vale su expulsión del partido comunista, pero no hace mella en sus convicciones. La pareja se encuentra en San Francisco en 1930; en Nueva York en 1931, donde el Museo de Arte Moderno organiza una retrospectiva de las obras de Diego Rivera; en Detroit en 1932, donde él decora la fábrica Ford. Frida pinta entonces un autorretrato mostrándose empequeñecida por la tristeza tras un nuevo aborto. Jamás tendrá hijos. Aunque se aturde en las veladas de Greenwich Village, siente nostalgia del calor humano de su país y vivir en Estados Unidos le gusta menos incluso que a su marido. En 1933, Rivera es despedido de su trabajo para el Rockefeller Center de Nueva York por haber hecho aparecer a Lenin en medio del fresco encargado.



De regreso a México, Rivera recibe encargos del gobierno y decora el Palacio Nacional. La vida en pareja es un torbellino de viajes y reencuentros. Cuano André y Jacqueline Breton visitan México, el jefe del surrealismo, que define el arte de Frida como "una cinta en torno a una bomba", quiere que la joven ingrese en su movimiento, pero ella se niega: "Jamás he pintado los sueños, sólo mi realidad".


En 1934 Diego Rivera hace construir en México una casa compuesta de dos partes, que la pareja comparte, aunque ella apenas puede residir allí, pues está inmovilizada en Coyoacán después de cada operación. También se refugia en esa casa para ocultar su tristeza ante las múltiples infidelidades de su marido.


"Cuanto más la amaba -confiesa él-, más deseaba hacerle daño". Ella queda muy afectada por la aventura que él tiene con Cristina, su hermana menor. Por su parte, Rivera reacciona muy mal a las relaciones de su mujer, entre ellas una en 1937 con León Trotski, que se ha refugiado en México gracias a él y otra en 1938 con el fotógrafo norteamericano Nickolas Murray. 


Agotada, a menudo postrada por el dolor, deja de esperarle, bebe y abusa de los medicamentos. Se divorcian a finales de 1939  vuelven a casarse al año siguiente "con un orgullo considerablemente abatido pero con el amor intacto", afirma él hablando de su mujer. "Estás presente, intangible -escribe ella en su diario- y eres todo el universo que he creado en el espacio de mi habitación".





Pese a su voluntad de hierro, Frida siente que las fuerzas la abandonan. En abril de 1953, cuando se organiza en México la primera exposición de sus obras, recibe, tumbada en la cama que Diego ha hecho transportar a la galería, los homenajes emocionados de sus amigos. En julio de 1954 desfilan juntos -empujando Rivera su silla de ruedas- para manifestarse contra la intervención de la C.I.A. en Guatemala. Ella muere poco después, a los cuarenta y siete años. Él vuelve a casarse al año siguiente con la marchante Emma Hurtado y muere en 1957 de una crisis cardíaca.


Algunas de sus obras:


Frida Kahlo

Autorretrato con collar de espinas



Diego en mis pensamientos


La Columna Rota


Diego Rivera


“Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central"


Cruzando la barranca


Desnudo con alcatraces

Museo de Frida en Coyoacán - México



















2 comentarios:

  1. Buenos días Antonia!!Una vida llena de dolor y pasión.
    Un abrazo amiga

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    1. La verdad es que si, amor, dolor y pasión. Creo que ella tenía una gran entereza, su vida no fue nada fácil!!

      Otro para ti Angela, besosss

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