Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

sábado, 10 de octubre de 2015

LA DIVERSIDAD DE LA PUERTA DEL SOL



Puerta del Sol entre los siglos XVII y XVIII


Aunque no es la Puerta del Sol desde el principio la plaza coronilla de la ciudad, lo llega a ser en definitiva poco después de fundarse con arraigo. Primero el centro y el salón público y presidencia de este pueblo estuvo en la morisca plaza del Alcázar, que estaba allí donde estuvo -casi donde está ahora- el primitivo Palacio, anterior al Retiro, y ni que decir tiene que al actual; después, a la llegada de los Reyes Católicos, fue destronada por la plaza de la Paja esa plaza del Alcázar; después, ya sedimentada y consolidada la reconquista, se establece el centro en la plaza Mayor, yendo, como se ve, hacia Oriente; pero no para mudarse definitivamente, sino para hallar el centro más propio, el definitivo. ¿No será ese centro providencial, proverbial y esencial la Puerta del Sol, aunque la plaza de la Lealtad, la de la Independencia y la de la Alegría esperen ser las herederas?.


La Puerta del Sol no es sólo importante por su colocación, sino por su carácter y por su nombre, y porque es la vitrina del pasado pintoresco.


Punto de reunión desde la época en que iban los hombres de capa y espada del siglo XVII y se asomaban a las gradas de San Felipe como a un balcón público y ancho de la Puerta del Sol, pasando el siglo XVIII, en que los hombres de casaca y pelucones empolvados se paseaban por ella, siguiendo a través del siglo XIX, en cuyo principio la transitan los currutacos y petimetres que van allí a charlar, a tomar el sol, a sorber un polvo, a fumar un cigarro y a esperar el último toque de misa de dos del Buen Suceso, hasta llegar a estos principios del siglo XX, en que el reloj de los siglos que está en el cielo de la Puerta del Sol ha dado las veinte.


La puerta del Sol resume por todo, por su abrigarramiento y por su greguería, el carácter de España. Varios escritores la han llamado el foro o el forum matritense, gran fase tópico que yo no tengo más remedio que repetir.


Ha dado optimismo ella sola a una nación pobre y de difícil problema diario. Así, Manuel de Palacio decía que en Madrid, "donde más de una vez se cierran las puertas del trabajo al hombre laborioso, las de la caridad al mendigo y las de la Academia al sabio, hay, sin embargo, una puerta que no se cierra nunca: la Puerta del Sol".

El sol de España, ese sol que es distinto en cada sitio, está aquí en esta caja de mazapán de la Puerta del Sol. La gran ensaimada de la luz, la harina, el huevo, la leche y el azúcar de Castilla se pueden gustar en esta plaza.


La Puerta del Sol de estos últimos tiempos tiene una facha de ser que va tirando con cierto optimismo inconsciente, sin preocuparse demasiado de las ideas, mezclándose con desidia al aire removido por los automóviles.


Puerta del Sol en 1951


Está un poco parado el corazón lúcido de la Puerta del Sol, y como anegado en subconsciencia. En términos generales, la Puerta del Sol vive en pleno deslumbramiento un tiempo que la ha desconcertado y sobre el que aún no ha podido formar juicio.


Se podría decir que la Puerta del sol presente tiene actualidades, pero no tiene ideas. Aquella ebullencia de ideas que la caracterizaba ha llegado a ser sólo algarabía de palabras y bocinazos.


Se podría decir que, como a un estanque -en este caso, estanque de ideas-. se le ha marchado todo el agua que contenía y tiene vacía alegría, una material bonanza falta de espíritu.


En la madrileña salsa a la mayonesa de los días soleados que allí se fragua y se bate los días buenos y se reparte por Madrid, para solaz de todos los condumios, no hay en estos últimos tiempos esa aleación de una gota de idealidad que hace doble buena y tramada la salsa mayonesa del optimismo español.


Sólo se ve la hora en el reloj de la torre, sin intríngulis ni misterio, por este abandono de las iniciaciones y las esperanzas en el público, como divorciado del fondo literario y filosófico de la vida.


Con su gran aire, la Puerta del Sol de estos últimos tiempos tiene decadencia en su espíritu, languidez en su alma, impronunciación en su mente. Mi pulsómetro me dice eso.


Resplandece, engaña, conmueve pero carece de aquella vida fervorosa y cabalesca que producía el folletín novelesco de todos los días españoles. La Puerta del Sol actual no tiene folletín.


¡Y qué fácil dejarse engañar con su cielo raso y su rotundidad amarilla! La riqueza y la estabilidad se reflejan en ella, y los automóviles amarillos prestan su amarillez artificial al conjunto; pero no sólo de eso se compone la conciencia de la vida, la psicología de una gran plaza. Se necesita en ella, para que sea digna plaza central de una nación, eso que se disputa por superfluo y que se cree que es discusión sobrante, todo eso que inquieta el tiempo y perturba lo evidente y lo cotidiano:  todo lo que da una emoción honda a la tarde de cada día.


¿Es que puede bastar esta vida que lleva la Puerta del Sol, que ve pasar, de ver suceder, de presenciar un desfile lleno de procacidad más que de inteligencia? El correr de los automóviles en carrousel que marea, ¿puede bastar a la diversidad de pensamientos en que debe abundar un pueblo? ¡Los vagos despreocupados mirar pasar a los despreocupados sumos!



Texto de : Ramón Gómez de la Serna
Libro de Madrid


Algunos de los lugares mencionados, en tiempos pasados y en la actualidad:



El Alcázar - Madrid


Construido como fortaleza musulmana en el siglo IX, el edificio fue ampliándose y mejorándose con el paso de los siglos, especialmente a partir del siglo XVI cuando se convirtió en palacio real de acuerdo a la elección de Madrid como capital del Imperio español.






Palacio Real y La Santa Iglesia Catedral de Santa María la Real de la Almudena






Plaza Mayor en 1919


Plaza Mayor 1928





Plaza Mayor en la actualidad





Plaza de la Lealtad - Jardín del Obelisco en la actualidad





Plaza de la Paja en la actualidad


Esta plaza fue un gran mercado de Madrid durante los siglos XIII y el XIV,  hasta que en el siglo XV,  el rey Juan II de Castilla ordenó construir la plaza del Arrabal (precedente de la plaza Mayor), a donde se desplazó la actividad comercial de la villa.


Pese a ello, mantuvo su importancia como lugar de residencia de las principales familias nobiliarias de Madrid. La plaza toma nombre de la obligación del vecindario de la villa de entregar paja a los capellanes y cabildo de la capilla del Obispo





Plaza de la Independencia en la actualidad








La Iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso.


Tiene su origen en 1529 cuando Carlos V decide trasladar a Madrid el hospital itinerante que acompañaba a la corte española, el Hospital Real de la Corte, que fue fundado por los Reyes Católicos en Baza en 1489, pero en 1590 los cimientos del edificio empiezan a tener graves problemas por lo que Felipe II encarga la construcción de una nueva iglesia y enfermería en el lugar del Hospital Real. 


La reforma de la plaza  en 1854, momento en el que adquiere su característica forma de sol naciente, determinó la demolición de muchos edificios, entre ellos la iglesia y el hospital del Buen Suceso, construyéndose en su lugar el Grand Hôtel de París, donde ya a mediados del siglo XX se colocará el famoso cartel luminoso del "Tío Pepe".




Grand Hôtel de París





Convento de San Felipe el Real

Construido entre los siglos XVI y XVII, estaba edificado sobre un gran pedestal (con perímetro protegido de barandillas) en el que se encontraba el más célebre mentidero de la villa (las Gradas de San Felipe), fue demolido en 1838 para ensanchar la calle Mayor y, en su lugar, se construyó el primer edificio de apartamentos de la ciudad, las Casas de Cordero (construidas entre 1842-1845)  




El edificio en la actualidad de las Casas de Cordero.




Puerta del Sol en 1951




Puerta del Sol en la actualidad




Los mentideros de la capital de España fueron enclaves fijos donde los madrileños del siglo de oro se reunían para conversar, recabar información y compartir chismorreos, practicando un primitivo "periodismo oral"

currutaco/currutaca:
adjetivo :  Que es muy pequeño o insignificante. coloquial
adjetivo/nombre masculino y femenino: [persona] Que seguía con afectación la moda. coloquial.

condumio.

  Manjar que se come con pan, como cualquier cosa guisada. coloquial








jueves, 8 de octubre de 2015

EL CAFÉ VARELA Y ALGO MÁS...



Uno de los cafés más antiguos de Madrid que ha vuelto a resurgir. Se tienen noticias de él desde 1883, fecha en la que se inauguró la bodega Sótano H, situada en el mismo edificio (calle Preciados, 37) y que tenía su entrada por la calle Veneras, 6, a la vuelta de la esquina con Preciados.


Interior del café, no hay fotos mejores
 del antiguo café
Estos establecimientos se harían muy famosos y conocidos en Madrid, eran lugares donde se servían comidas desde la diez de la mañana a las dos de la madrugada, corderos asados, judías y callos..., a dos reales la ración, a veces tenían comedores independientes.


El Sótano H y el café Valera coexistieron hasta que en 1896 después de una gran remodelación del sótano y primer piso del edificio y cuya obra duró más de dos años, se inauguró el gran café Varela con amplios ventanales a las dos calles mencionadas (Preciados y Veneras).



Este café fue uno de los más conocidos de Madrid durante finales del siglo XIX y XX. Por sus mesas pasaron los más variados e ilustres personajes de la época y de la sociedad madrileña. En sus concurridas tertulias se podía encontrar a León Felipe, los hermanos Machado, Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Emilio Carrere, entre otros muchos, que se daban allí cita en agradables tertulias, donde se concebían grandes y bellas ideas al olor de una buena taza de café. 


Portada de ABC del cierre del café Varela
Aunque como suele ocurrir y por desgracia sigue ocurriendo con otros muchos cafés de la capital, la historia de este antiguo y emblemático café, terminó el día 15 de mayo de 1959, en que cerró sus puertas para siempre o eso parecía...


En el año 2001, después de la remodelación de todo el edificio, convirtiéndolo en lo que hoy es el Hotel Preciados, se inauguró el nuevo Café Varela, que ocupa la planta baja de dicho edificio, en la calle Preciados esquina con la Plaza de Santo Domingo.





Se ha hecho muy conocido; por su buena comida y buen trato; aunque no guarda mucha similitud con el antiguo, quedando sólo referencias de este y una antigua placa en homenaje a Emilio Carrere, que los poetas españoles le dedicaron en 1952.







Madrid era un piropo...

Un reloj que hay en Palacio ha caminado al revés,
Y marca un día de mayo de mil novecientos seis.
Al conjunto de sus bronces, bellas estampas veréis:
toda la sal de la villa y de la corte…, el clavel,
la pimienta y el perfume de un Madrid que ya se fue,
cuando el Prado olía a nardos y a albahacas el Lavapiés,
y en la mantilla envolvía su majeza y su altivez;
el Madrid que era un piropo…, cuando las bodas del Rey.
Por un embrujo poético caminó el tiempo al revés,
y está parado el reloj en una estampa de ayer.

Sobre el Palacio de Oriente brilla un remoto lucero;
pasan –marfiles y nácares– las carrozas de respeto,
seis postillones de oro sobre seis caballos negros,
y, dentro del coche, un lirio desmayado en terciopelo:
la Reina novia, con sangre en el traje y en el velo.
En la plazuela de Oriente forman su ronda de espectros
Estatuas desnarigadas de los Reyes de otros tiempos,
y a un compás de Marchas Reales vienen los alabarderos,
bordados de plata y oro los candiles del sombrero,
largas perillas románticas en rostros caballerescos,
y perfumadas de mayo las blancas capas al viento.

 “¿Dónde vas, Alfonso XII; dónde vas, triste de ti?”

Las fuentes del jardincillo glosan el romance así:

“Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi”

Vieja plazuela de Oriente de nuestra niñez feliz,
Sonora de campanillas del cochecito infantil;
en los jardines hay novias con vestidos carmesí,
lazos de seda en el pelo y cara de jazmín,
mientras en la “rueda” las niñas cantan así:

“Cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid”

Desde el Alcázar de Oriente se ve toda la ciudad;
Canta el reloj de San Justo, responde la Catedral,
Las espadañas monjiles suenan con voz de cristal.
¡Diálogos de torre a torre hablando de eternidad!
Junto a la estampa romántica chisporrotea la sal
de los lienzos del sainete. Tipos que no existen ya…
Trasnochadores de Fornos con un nardo en el ojal,
La Susana, con mantón; de hongo y de capa Julián.

Casas de “Tócame Roque” con patios de vecindad,
en donde La Revoltosa lució su cuerpo juncal,
que les puso la florista en la calle de Alcalá.
Y el callejero organillo, chulón y sentimental,
que de la “cuarta de Apolo” las glorias cantando va.
Frescas albahacas de Chueca, clavellinas de Chapí,
que perfumaron la trama del madrileño tapiz.

Evocación popular -salero y ajonjolí-
y viñeta palatina de mustias flores de lis.
¡Luz de la Puerta del Sol, geranios de Chamberí!
Muchachas en los balcones, cada balcón un jardín,
cuando iban a la parada, garbeando el talle gentil,
coraceros escarlata y húsares azul turquí.

¡Cuando las bodas del Rey, era un piropo Madrid!

                                                                               Emilio Carrere


Algunos de los lugares mencionados :


Entrada del Nuevo Café Varela
en la calle Preciados esquina a Plaza de Santo Domingo

Una de las decoraciones del nuevo Café Varela.


Placa homenaje a Emilio Carrere
que aún se conserva del antiguo Café Varela

Plaza de Oriente en la actualiad frente a Palacio

Paseo de estatuas de antiguos reyes,
Plaza de Oriente frente a Palacio



 Catedral Santa María la Real de la Almudena






Antiguo Café Fornos en la calle Alcalá esquina con Virgen de los Peligros.
















La esquina de Alcalá con Virgen de los Peligros en la actualidad.












Antiguo "Teatro Apolo" y edificio en la actualidad





martes, 6 de octubre de 2015

UN VIAJE A MADRID

Antigua Puerta de San Vicente


Canta, musa, las emociones de un ex-madrileño, hoy humilde provinciano, que vuelve a la patria de su espíritu después de tres años de ausencia. Amarrado, no a la concha de Venus, como el poeta, sino al imperioso deber de la residencia de una cátedra, como conviene a un prosista, había sentido pasar muchos meses y algunos años y no pocas glorias tan falsas como efímeras sin ver por mis propios ojos las maravillas que de la corte contaban los papeles.



Y al fin entraba en Madrid por la puerta de San Vicente, que de para en par se me abría, metido, en compañía de una sombrerera, un paraguas, una manta, un baúl-maleta y, valga la verdad, unos chanclos, en el mísero espacio que contiene un coche de punto. Fue mi observación primera puramente analítica y propia de un escritor naturalista al por menor, noté que los simones parecían nuevos, los caballos algo mejores que los de años atrás, y que los gallegos o faetones, como se dijo en tiempos más felices, usaban una especie de librea que daba un aire seudo-aristocrático al vulgo de los alquilones peseteros. La segunda observación, también analítica, se refirió a la Cuesta de San Vicente, que se había convertido en calle empedrada de guijarros puntiagudos. Lo demás, todo era lo mismo que otras veces; a la derecha el Palacio Real, donde se me antojaba leer sobre las más altas cornisas un hermoso letrero que decía: "Viuda e hijo de Alfonso XII".



Palacio Real sobre 1900
La mañana estaba triste, la lluvia flotaba en el aire en forma de polvo húmedo; todo era gris, del gris de que han de ser los pollinos, según el Diccionario; el Palacio Real parecíame una elegía verdadera, no de las que escriben los poetas falsos cuando se mueren los reyes. Obreros y lavanderas subían y bajaban silenciosos a paso largo; nadie miraba a nadie; todos parecían preocupados con una idea fija. Se me antojaba que aquellos mismos hombres y mujeres los había visto yo subir y bajar, así silenciosos, cabizbajos, por aquella cuesta, años atrás, muchas veces, al entrar yo en Madrid como ahora entraba. Esta primera impresión glacial de un pueblo grane que se vuelve a ver después de una ausencia, es de las que más contribuyen a que la fantasía dé argumentos a la razón para negar el albedrío, para inclinarse a creer por lo menos que la vida social es cosa de maquinaria, y que los hombres damos vueltas alrededor de unos cuantos deseos, como los peces que una pecera trazan círculos sin fin.



Pocas horas más tarde, cuando después de lavarme, vestirme y almorzar entraba en la Cervecería Inglesa, la misma impresión de fatalidad volvió a sumergirme en la fantasía. Alrededor de unas cuantas mesas de mármol, los grupos negros de siempre: periodistas, políticos, literatos, bolsistas; vagos y gente indefinible, vestidos todos casi lo mismo, afeitados todos, sin salir de tres o cuatro tipos de corte de la barba, todos con ideas parecidas, con anhelos iguales; lo mismo, los mismo que años atrás, lo mismo que siempre. Casi todos aquellos señores, tan pulcros, tan semejantes, tan fáciles de olvidar, querían se diputados.


Tertulias de Café
Se hablaba de Sagasta, de V. Venancio de Romero, de Cánovas; se repetían cinco o seis ideas de valor parecido al de esos nombres... y vuelta a empezar; el hecho era éste: que todos querían ser diputados. Y sorbían el café sin saber lo que hacían. Casi todos estaban pálidos, con una palidez digna de unos amores de Romeo. ¡Y pensar que aquel espectáculo era diario, y se venía repitiendo años y años, y se repetiría sabe Dios hasta cuándo!. Sí, porque llegaría un día en que el establecimiento se cerraría, o por cesación de industria, o por causa de derribo, etc. etc.; pero, ¡y que?, los grupos negros se irían a otra parte a hablar de los mismo, a pensar lo mismo, a repetir aquellas veinte palabras del repertorio. Tal vez entonces no se hablaría ya de Romero, ni de Cánovas, ni de Sagasta; pero, ¿qué importa?, se hablaría de otros, y se continuaría queriendo los mismo: ser diputado. 


Las generaciones sucedían a las generaciones en este afán inútil, y las unas, desengañadas, al cabo, dispersas, maltrechas, no avisaban a las otras de la vanidad de los esfuerzos, de la ironía de la suerte, de la monotonía del juego. como los granos del molino resbalan empujándose unos a otros y caen por el fatal agujero para que los aplaste la muela, hombres y hombres, anónimos y anónimos, unos de hoy, otros de mañana, todos muy bien vestidos, todos afeitados, como si valiese la pena; se atropellaban, se amontonaban, gastaban la vida en aquel afán inconsciente; caían por el agujero, iban a formar parte, en la sombra del olvido, de la plasta general del subsuelo; y otros venían, en flujo inacabable, a ocupar su puesto a rodear de negro y de ruido las blancas mesas de mármol, servidas por imperturbables camareros, usureros de la propina, pálidos también, gallegos, que cuentan los minutos que aún ha de atormentarlos la nostalgia, no con granos de arena, sino por perros chicos...


Texto de Leopoldo Alas "Clarín"
Ensayos Literarios recogido en el Libro de Madrid


Imágenes Madrid en la actualidad :


Puerta de San Vicente en la actualidad



Monumento a Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897)



Monumento funerario de Práxedes Mateo Sagasta  (1825-1903)
en el Panteón de Hombres Ilustres en Madrid



Palacio Real, entrada Plaza de Armas



Palacio Real desde los jardines del Campo del Moro







lunes, 5 de octubre de 2015

CURIOSIDADES DE ALGUNAS CALLES DE MADRID



Inauguración de la fuente de calle San Bernardo (Glorieta) en 1858.


La calle de San Bernardo; popularmente conocida como la calle Ancha; es de las calles más graciosas de Madrid y en las callejuelas siniestras que tenía a su alrededor, barridas por la apertura de la Gran Vía, había profusión de tiendas, tabernas y cafetuchos con letreros pintorescos.





De estos letreros de tiendas madrileñas recuerdo algunos. En una de la calle de Cedaceros decía: "El Sol sale para todos". En otra de la de Relatores: "La Aurora trata en maderas". En otra de la calle Hortaleza, que todavía sigue: "El Colmillo del Elefante". En la calle del Arenal había una tienda que se llamaba "La Tormentaria".








En las afueras muchos ventorros tenían en una pared de la esquina este letrero: "Vino de Balde..." y al volver la esquina decía "Peñas". En una casquería se podía leer: "Se venden idiomas y talentos", y en otra: "Oi no se fía aquí; mañana sí". Había también una tahona que se anunciaba con este letrero: "Se cueze el pan y lo que benga".





Posada del Dragón







Hace más de medio siglo había posadas con aire de aldea a las cuales iban a parar arrieros y gitanos que andaban por las ferias de los pueblos de alrededor de Madrid. Un ejemplo son: La Posada de Medina, en la calle Toledo; la de San Blas, en la de Atocha; la del Dragón en la Cava Baja y la del Peine cerca de la calle de Postas. De algunas casas de esos barrios sombríos se contaban historias oscuras de robos y crímenes.









Palacio Infanta Carlota




De un palacio de la calle de la Luna se hablaba del asesinato de la mujer del general Pierrard, y en esa misma calle, en otra de las grandes casas palaciegas, se comentaba la muerte de la infanta Luisa Carlota, de quién se dijo que había sido envenenada.







Calle Toledo, Fuentecilla

En la plaza de los Mostenses estaba el palacio del Conde de Trastamara, que después fue del general Narváez, y que es de donde sacaron, en el año 1854, al policía Francisco Chico, en unas angarillas, tendido sobre un colchón para llevarlo a fusilar delante de la Fuentecilla de la calle Toledo. Este jefe de policía era un hombre de gran serenidad y gran valor, y fue a morir con la total indiferencia de un soldado espartano, abanicándose tranquilamente.




También recuerdo por ese barrio la fuente de los siete caños, que estaba en la calle Ancha. Esta fuente la llevaron después a la plaza de España, que entonces se llamaba de San Marcial, y de allí también la han quitado, transladándola a otra parte, no se sabe muy bien donde.

                                                                                     
Texto de Pio Baroja, en el Libro de Madrid




Letreros de algunas calles y lugares de Madrid :












En la imagen esquina de la calle Hortaleza con la calle Santa Brígida.







Fachada de una de las tabernas de la calle Cava Baja


Posada del Peine actualmente


Antigua Plaza de San Marcial (Plaza de España)


Vista de la Plaza de España desde la calle Bailén.






Plaza de Santo Domingo, comienzo de la calle de San Bernardo


Glorieta de Ruiz Giménez, conocida popularmente como 
Glorieta de San Bernardo


Glorieta de Quevedo, final de la calle San Bernardo