Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

viernes, 11 de diciembre de 2015

MIGUEL DE UNAMUNO - POEMAS

29 de septiembre de 1864, Bilbao
 31 de diciembre de 1936, Salamanca


La mar ciñe a la noche en su regazo 


La mar ciñe a la noche en su regazo 
y la noche a la mar; la luna, ausente; 
se besan en los ojos y en la frente; 
los besos dejan misterioso trazo. 

Derrítense después en un abrazo, 
tiritan las estrellas con ardiente 
pasión de mero amor, y el alma siente 
que noche y mar se enredan en su lazo. 

Y se baña en la oscura lejanía 
de su germen eterno, de su origen, 
cuando con ella Dios amanecía, 

y aunque los necios sabios leyes fijen, 
ve la piedad del alma la anarquía 
y que leyes no son las que nos rigen. 

Horas serenas del ocaso breve, 
cuando la mar se abraza con el cielo 
y se despierta el inmortal anhelo 
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe. 

Copos perdidos de encendida nieve, 
las estrellas se posan en el suelo 
de la noche celeste, y su consuelo 
nos dan piadosas con su brillo leve. 

Como en concha sutil perla perdida, 
lágrima de las olas gemebundas, 
entre el cielo y la mar sobrecogida 

el alma cuaja luces moribundas 
y recoge en el lecho de su vida 
el poso de sus penas más profundas. 





Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan...


Hay ojos que miran, - hay ojos que sueñan, 
hay ojos que llaman, - hay ojos que esperan, 
hay ojos que ríen - risa placentera, 
hay ojos que lloran - con llanto de pena, 
unos hacia adentro - otros hacia fuera. 

Son como las flores - que cría la tierra. 
Mas tus ojos verdes, - mi eterna Teresa, 
los que están haciendo - tu mano de hierba, 
me miran, me sueñan, - me llaman, me esperan, 
me ríen rientes - risa placentera, 
me lloran llorosos - con llanto de pena, 
desde tierra adentro, - desde tierra afuera. 

En tus ojos nazco, - tus ojos me crean, 
vivo yo en tus ojos - el sol de mi esfera, 
en tus ojos muero, - mi casa y vereda, 
tus ojos mi tumba, - tus ojos mi tierra.


VENDRÁ DE NOCHE

Vendrá de noche cuando todo duerma,
vendrá de noche cuando el alma enferma
se emboce en vida,
vendrá de noche con su paso quedo,
vendrá de noche y posará su dedo
sobre la herida.

Vendrá de noche y su fugaz vislumbre
volverá lumbre la fatal quejumbre;
vendrá de noche
con su rosario, soltará las perlas
negro sol que da ceguera verlas,
¡todo un derroche!

Vendrá de noche, noche nuestra madre,
cuando a lo lejos el recuerdo ladre
perdido agujero;
vendrá de noche; apagará su paso
mortal ladrido y dejará al ocaso
largo agujero...

¿Vendrá una noche recogida y vasta?
¿Vendrá una noche maternal y casta
de luna llena?
Vendrá viniendo con venir eterno;
vendrá una noche del postrer invierno...
noche serena...

Vendrá como se fue, como se ha ido
-suena a lo lejos el fatal ladrido-,
vendrá a la cita;
será de noche mas que sea aurora,
vendrá a su hora, cuando el aire llora,
llora y medita...

Vendrá de noche, en una noche clara,
noche de luna que al dolor ampara,
noche desnuda,
vendrá... venir es porvenir... pasado
que pasa y queda y que se queda al lado
y nunca muda....

Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,
cuando la tarde en las tinieblas tarda
y espera al día,
vendrá de noche, en una noche pura,
cuando del sol la sangre se depura,
del mediodía.

Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,
y el corazón rendido se le entregue,
noche serena,
de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?
De noche ha de sellar su negro sello,
noche sin pena.

Vendrá la noche, la que da la vida,
y en que la noche al fin el alma olvida,
traerá la cura;
vendrá la noche que lo cubre todo
y espeja al cielo en el luciente lodo
que lo depura.

Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,
su negro sello servirá de broche
que cierra el alma;
vendrá de noche sin hacer ruido,
se apagará a lo lejos el ladrido,
vendrá la calma...
vendrá la noche....


MADRE, LLÉVAME A LA CAMA

Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver....
Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.




HAN VUELTO LOS VENCEJOS…

Han vuelto los vencejos;
las cosas naturales vuelven siempre;
las hojas a los árboles,
a las cumbres las nieves.

Han vuelto los vencejos;
lo que no es arte vuelve;
vuelta constante es la naturaleza
por cima de las leyes.

Han vuelto los vencejos;
¿ves como todo vuelve?
todo lo que ha brotado al sol desnudo,
de la inexhausta fuente;
todo lo que no fue de algún propósito
producto endeble.

Han vuelto los vencejos;
¡augusto ritmo, única ley perenne!
¡el año es una estrofa
del canto permanente!

Todo vuelve, no dudes, todo vuelve;
vuelve la vida;
¡vuelve la muerte!
¡cuanto tiene raíces en la vida
al fin y al cabo vuelve!

¡Han vuelto los vencejos,
y al pecho aquellas mismas ansias vuelven…!
Ahora comprenderás lo que en la vida
quiere decirnos: «¡Siempre!»
Siempre, quiere decir la vuelta, el ritmo,
la canción de la mar en la rompiente;
si la ola se retira
ha de volver, pues es de lo que vuelve.

Vuelve todo lo que es naturaleza,
y tan sólo se pierde
lo que es remedo vano de los hombres,
sus artificios, invenciones, leyes…
Han vuelto los vencejos,
como ellos vuelven…¡siempre!:
con su alegre chillar el aire agitan
y el cielo, con su raudo ir y volverse,
al caer de la tarde
cobrar vida parece.

No se posan ni paran, incansables;
sus pies ¿a qué los quieren?
les basta con las alas,
criaturas celestes.
Con ritmo de saeta, ritmo yámbico,
los versos vivos de su vuelo tejen,
chillando la alegría
de sentirse vivientes…

Han vuelto los vencejos;
los del año pasado, los de siempre,
los mismos de hace siglos,
los del año que viene,
los que vieron volar nuestros abuelos
encima de sus frentes natura fuerte,
verán también volar, negros y leves.

Han vuelto los vencejos;
criaturas del aire que no mueren
— ¿quién muertos los ha visto? —
heraldos de la vida, amantes fieles
del largo día de la mies dorada;
¡han vuelto los de siempre…!

¡Vencejos inmortales,
alados hijos de natura fuerte
heraldos de cosechas y vendimias,
mensajeros celestes,
bienvenidos seáis a nuestro cielo,
vosotros… los de siempre!





jueves, 10 de diciembre de 2015

ALFONSINA STORNI - POEMAS


Sala Capriasca, Suiza, mayo 1892
Mar del Plata, Argentina, 1938

GOLONDRINAS

Las dulces mensajeras 
     de la tristeza son... 
son avecillas negras, 
negras como la noche. 
¡Negras como el dolor! 

¡Las dulces golondrinas
   que en invierno se van 
y que dejan el nido abandonado y solo 
para cruzar el mar! 

Cada vez que las veo siento un frío sutil... 
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas 
amantes de abril! 

¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar 
como los emigrantes, a las tierras extrañas, 
la migaja de pan! 

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! 
¡Venid primaverales, con las alas de luto 
llegaos hasta mí! 

Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad 
de un volido tan sólo, eterno y más eterno 
la inmensidad del mar... 

¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... 
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, 
la fuente del amor?... 

¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! 
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia 
¡Llevadme donde vais! 

¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, 
que tengo el alma enferma porque no puedo irme 
volando yo también? 

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! 
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto 
llegaos hasta mí! 

¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... 
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas 
tejidas en azul!


TU ME QUIERES BLANCA

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.

Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.

Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.

Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.

Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.



VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío, 
manos de hierbas, tú, nodriza fina, 
tenme prestas las sábanas terrosas 
y el edredón de musgos escardados. 

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. 
Ponme una lámpara a la cabecera; 
una constelación; la que te guste; 
todas son buenas; bájala un poquito. 

Déjame sola: oyes romper los brotes... 
te acuna un pie celeste desde arriba 
y un pájaro te traza unos compases 

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: 
si él llama nuevamente por teléfono 
le dices que no insista, que he salido...







LO INACABABLE

No tienes tú la culpa si en tus manos 
mi amor se deshojó como una rosa: 
Vendrá la primavera y habrá flores... 
El tronco seco dará nuevas hojas. 

Las lágrimas vertidas se harán perlas 
de un collar nuevo; romperá la sombra 
un sol precioso que dará a las venas 
la savia fresca, loca y bullidora. 

Tú seguirás tu ruta; yo la mía 
y ambos, libertos, como mariposas 
perderemos el polen de las alas 
y hallaremos más polen en la flora. 

Las palabras se secan como ríos 
y los besos se secan como rosas, 
pero por cada muerte siete vidas 
buscan los labios demandando aurora. 

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera! 
¡Y toda primavera que se esboza 
es un cadáver más que adquiere vida 
y es un capullo más que se deshoja!


FRENTE AL MAR

Oh mar, enorme mar, corazón fiero 
De ritmo desigual, corazón malo, 
Yo soy más blanda que ese pobre palo 
Que se pudre en tus ondas prisionero. 

Oh mar, dame tu cólera tremenda, 
Yo me pasé la vida perdonando, 
Porque entendía, mar, yo me fui dando: 
«Piedad, piedad para el que más ofenda». 

Vulgaridad, vulgaridad me acosa. 
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. 
Hazme tener tu cólera sin nombre: 
Ya me fatiga esta misión de rosa. 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, 
Me falta el aire y donde falta quedo, 
Quisiera no entender, pero no puedo: 
Es la vulgaridad que me envenena. 

Me empobrecí porque entender abruma, 
Me empobrecí porque entender sofoca, 
¡Bendecida la fuerza de la roca! 
Yo tengo el corazón como la espuma. 

Mar, yo soñaba ser como tú eres, 
Allá en las tardes que la vida mía 
Bajo las horas cálidas se abría... 
Ah, yo soñaba ser como tú eres. 

Mírame aquí, pequeña, miserable, 
Todo dolor me vence, todo sueño; 
Mar, dame, dame el inefable empeño 
De tornarme soberbia, inalcanzable. 

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza. 
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo! 
Desdichada de mí, soy un abrojo, 
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. 

Y el alma mía es como el mar, es eso, 
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca; 
Pequeña vida que dolor provoca, 
¡Que pueda libertarme de su peso! 

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... 
La vida mía debió ser horrible, 
Debió ser una arteria incontenible 
Y apenas es cicatriz que siempre duele.











LUIS CERNUDA 3


 LOS FANTASMAS DEL DESEO

Yo no te conocía, tierra; 
con los ojos inertes, la mano aleteante, 
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, 
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces 
un tumulto sediento de postrarse, 
como huracán henchido aquí en el pecho; 
ignorándote, tierra mía, 
ignorando tu alentar, huracán o tumulto, 
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy 
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. 

Bien sé ahora que tú eres 
quien me dicta esta forma y este ansia; 
sé al fin que el mar esbelto, 
la enamorada luz, los niños sonrientes, 
no son sino tú misma; 
que los vivos, los muertos, 
el placer y la pena, 
la soledad, la amistad, 
la miseria, el poderoso estúpido, 
el hombre enamorado, el canalla, 
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; 
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, 
para llevar tu afán que nada satisface. 

El amor no tiene esta o aquella forma, 
no puede detenerse en criatura alguna; 
todas son por igual viles y soñadoras. 
Placer que nunca muere 
beso que nunca muere, 
sólo en ti misma encuentro, tierra mía. 
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, 
rizosos o lánguidos como una primavera, 
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos 
que tanto he amado inútilmente, 
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, 
en la tierra que aguarda, aguarda siempre 
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. 

Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes 
este mundo divino que ahora es mío, 
mío como lo soy yo mismo, 
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, 
como la arena, que al besarla los labios 
finge otros labios, dúctiles al deseo, 
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. 

Como la arena, tierra, 
como la arena misma, 
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. 
Tú sola quedas con el deseo, 
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, 
sino el deseo de todos, 
malvados, inocentes, 
enamorados o canallas. 

Tierra, tierra y deseo. 

Una forma perdida.


NO SE QUE NOMBRE DARLE A MIS SUEÑOS 

Ante mi forma encontré aquella forma
en tiempo de crepúsculo,
cuando las desapariciones
confunden los colores a los ojos,
cuando el último amor
busca el cuerpo postrero.

Una angustia sin fondo aullaba entre las piedras;
hacia el aire, hombres sordos,
la cabeza olvidada,
pasaban a lo lejos, como libres o muertos;
vergonzoso cortejo de fantasmas
con las cadenas rotas colgando de las manos.

La vida puso entonces una lámpara
sobre muros sangrientos;
el día ya cansado secaba tristemente
las futuras auroras, remendadas
como harapos de rey.

La lámpara eras tú,
mis labios, mi sonrisa,
forma que hallan mis manos en todo lo que alcanzan.

Si mis ojos se cierran es para hallarte en sueños,
detrás de la cabeza,
detrás del mundo esclavizado,
en ese país perdido
que un día abandonamos sin saberlo.


TE QUIERO

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.



Más que a nadie Versión de Serrat de Te Quiero



HE VENIDO PARA VER...


He venido para ver semblantes 
Amables como viejas escobas, 

He venido para ver las sombras 
Que desde lejos me sonríen. 

He venido para ver los muros 
En el suelo o en pie indistintamente, 
He venido para ver las cosas, 
Las cosas soñolientas por aquí. 

He venido para ver los mares 
Dormidos en cestillo italiano, 
He venido para ver las puertas, 
El trabajo, los tejados, las virtudes 
De color amarillo ya caduco. 

He venido para ver la muerte 
Y su graciosa red de cazar mariposas, 
He venido para esperarte 
Con los brazos un tanto en el aire, 
He venido no sé por qué; 
Un día abrí los ojos: he venido. 

Por ello quiero saludar sin insistencia 
A tantas cosas más que amables: 
Los amigos de color celeste, 
Los días de color variable, 
La libertad del color de mis ojos; 

Los niñitos de seda tan clara, 
Los entierros aburridos como piedras, 
La seguridad, ese insecto 
Que anida en los volantes de la luz. 

Adiós, dulces amantes invisibles, 
Siento no haber dormido en vuestros brazos. 
Vine por esos besos solamente; 
Guardad los labios por si vuelvo.



COMO LLENARTE, SOLEDAD...

Cómo llenarte, soledad, 
sino contigo misma... 


De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, 
quieto en ángulo oscuro, 
buscaba en ti, encendida guirnalda, 
mis auroras futuras y furtivos nocturnos, 
y en ti los vislumbraba, 
naturales y exactos, también libres y fieles, 
a semejanza mía, 
a semejanza tuya, eterna soledad. 

Me perdí luego por la tierra injusta 
como quien busca amigos o ignorados amantes; 
diverso con el mundo, 
fui luz serena y anhelo desbocado, 
y en la lluvia sombría o en el sol evidente 
quería una verdad que a ti te traicionase, 
olvidando en mi afán 
cómo las alas fugitivas su propia nube crean. 

Y al velarse a mis ojos 
con nubes sobre nubes de otoño desbordado 
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, 
te negué por bien poco; 
por menudos amores ni ciertos ni fingidos, 
por quietas amistades de sillón y de gesto, 
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, 
por los viejos placeres prohibidos 
como los permitidos nauseabundos, 
útiles solamente para el elegante salón susurrado, 
en bocas de mentira y palabras de hielo. 

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona 
que yo fui, 
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; 
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, 
limpios de otro deseo, 
el sol, mi dios, la noche rumorosa, 
la lluvia, intimidad de siempre, 
el bosque y su alentar pagano, 
el mar, el mar como su nombre hermoso; 
y sobre todo ellos, 
cuerpo oscuro y esbelto, 
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, 
y tú me das fuerza y debilidad 
como el ave cansada los brazos de la piedra. 

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, 
oigo sus oscuras imprecaciones, 
contemplo sus blancas caricias; 
y erguido desde cuna vigilante 
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, 
por quienes vivo, aún cuando no los vea; 
y así, lejos de ellos, 
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, 
roncas y violentas como el mar, mi morada, 
puras ante la espera de una revolución ardiente 
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo 
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. 

Tú, verdad solitaria, 
transparente pasión, mi soledad de siempre, 
eres inmenso abrazo; 
el sol, el mar, 
la oscuridad, la estepa, 
el hombre y su deseo, 
la airada muchedumbre, 
¿qué son sino tú misma? 

Por ti, mi soledad, los busqué un día; 
en ti, mi soledad, los amo ahora.





DELMIRA AGUSTINI - POEMAS


Delmira Agustini nació en Montevideo el 24 de octubre de 1887. 
Muy temprano escribe sus primeros poemas y desde 1902 colabora en publicaciones periódicas nacionales y extranjeras. En 1907 edita su primer poemario, El libro blanco, al que siguen Cantos de la mañana (1910)
 y Los cálices vacíos (1913). 
Muere trágicamente el 6 de julio de 1914 en Montevideo. 


LO INEFABLE

Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...

¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?

¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

Cumbre de los Martirios!... Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz!...

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!... Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!



De Cantos de la mañana, 1910

FANTASMAS

Célicas legiones de hadas vaporosas
En vaivén gracioso van y van pasando;
Son las ilusiones tenues, sonrosadas,
Son los sueños níveos, impalpables, diáfanos.
Llegan a mi oído y al pasar se inclinan.
Himnos de esperanza quedo susurrando;

Son las ilusiones,
Los ensueños blancos,
Que entre frescas rosas y espumosos lirios
En bajel dorado,
Suaves nos deslizan
A través del mundo, ¡piélago encrespado!
Arrojando flores
Sobre los escollos que encuentran al paso!


                      *******

Son las ilusiones
Los ensueños blancos,
Son los compañeros,
Los amigos dulces de los pocos años.

                      *******

Son las ilusiones
Los ensueños blancos.

                      *******

Los celestes bandos de hadas vaporosas
En vaivén gracioso van y van pasando,
Himnos de esperanza
Quedo susurrando,
Son las ilusiones,
Los ensueños blancos.

                      *******

Pero, ¡cosa extraña! Mis risueñas hadas
Las pupilas ígneas abren con espanto.
Aterrados huyen
Los alegres bandos...
Siento frío... tiemblo... Junto a mí se yergue
Un fantasma raro,
De pupilas negras, insondables, duras,
De ambarino cutis y terrosos labios.
Cúbrelo un espeso,
Renegrido manto.
Todo en él es frío, ¡hasta de sus ojos
El fulgor extraño!
Fuego incomprensible, que cegando hiela;
Fuego inexplicable, que deslumbra enfriando;
Viene a mí, se inclina; sus pupilas negras
Sobre mí ha fijado,
Mi aterido cuerpo
Tiembla y se contrae en terrible espasmo.
El fantasma oprime mi marmórea frente
Con su dedo helado;
Y fijando ahora su mirada dura
En mis níveos sueños que ya están lejanos,
Con desprecio y odio
Agitado mueve los terrosos labios.
Luego a mí se vuelve
Y hacia sí me trae en estrecho abrazo;
A mi oído acerca su nerviosa boca,
Con acento intenso, convincente, trágico,
-¡¡Mienten!! -dice- ¡¡Mienten!! -Luego me abandona
Y se va, dejando
En mi frente, impresa,
La invisible huella de su dedo helado!

                      *******

¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!

                      *******

Ha pasado el tiempo
Sobre mí; los años
Con profundas huellas
Marcaron su paso,
Y jamás han vuelto
Ni las ilusiones, ni los sueños blancos.
¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!
Es que aquel fantasma demacrado y frío
Era el Desengaño;
Y al tocar mi frente dejó en ella impresa
la indeleble huella de su dedo helado!

                      *******

¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!


FLOR NOCTURNA

Cuando la noche tendiendo
Su manto de gasa negra
La silenciosa campiña
Envuelve en sombras funéreas,

Cuando allá en el firmamento
Las argentinas estrellas
Semejan ígneas pupilas
Que inmóviles nos contemplan,
Cuando las aves nocturnas
Exhalan lúgubres quejas
Que vibran en el silencio
Monótonas y siniestras,
Cuando el genio de las sombras
De su letargo despierta,
E invisible en torno nuestro
Se agita y revolotea,
Entonces, entre el follaje
Tímidamente encubierta,
Pálida flor, entreabres,
Tu corola marfileña,
Tu corola que del día
Al primer albor se cierra,
Para reabrirse al helado
Contacto de la tiniebla,
¡Hastiada siempre de lumbre!
¡Siempre de sombras sedienta!

¡Extraño destino el tuyo!
El día te encuentra muerta,
Tu triste vida concluye
Cuando la nuestra comienza.
Mas cuando tu cáliz abres
Nuestras pupilas se cierran...
Y entonces tal vez tu vida
Más dulce y pálida sea,
Allá perdida en las sombras
Entre el follaje encubierta,
¡Lejos de envidias y odios!
¡Lejos de traiciones negras!

Sigue tu vida, abre siempre
Cuando la noche comienza,
Y al primer albor del día
Tu cáliz de nácar, cierra,
Para reabrirlo al helado
Contacto de la tiniebla,
¡Hastiada siempre de lumbre!

¡Siempre de sombras sedienta!


MIS AMORES

Hoy han vuelto.
Por todos los senderos de la noche han venido
A llorar en mi lecho.

¡Fueron tantos, son tantos!

Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.

La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.

Hay cabezas doradas al sol, como maduras...
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
Cabezas coronadas de una espina invisible,
Cabezas que sonrosan la rosa del ensueño,
Cabezas que se doblan a cojines de abismo,
Cabezas que quisieran descansar en el cielo,
Algunas que no alcanzan a oler a primavera,
Y muchas que trascienden a las flores del invierno.

Todas esas cabezas me duelen como llagas...
Me duelen como muertos...

¡Ah!... y los ojos... los ojos me duelen más: ¡son dobles!...
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
Abrasan si fulguran,
Son caricias, dolor, constelación, infierno.

Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
Se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.

Ellos me dieron sed de todas esas bocas...
De todas estas bocas que florecen mi lecho:
Vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
Con lises de armonía o rosas de silencio,
De todos estos vasos donde bebí la vida,
De todos estos vasos donde la muerte bebo...

Humedecido en lágrimas
Han rodeado mi lecho...

Y las manos, las manos colmadas de destinos
Secretas y alhajadas de anillos de misterio...
Hay manos que nacieron con guantes de caricia,
Manos que están colmadas de la flor del deseo,
Manos en que se siente un puñal nunca visto,
Manos en que se ve un intangible cetro;
Pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
Con todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.

             Con tristeza de almas,
             Se doblegan los cuerpos,
             Sin velos, santamente
             Vestidos de deseo.

Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
Como invisible abismo se inclinan a mi lecho...

¡Ah, entre todas las manos yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
De todas las cabezas, yo quiero tu cabeza,
De todos esos ojos, ¡tus ojos solo quiero!
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
Tú has llegado el primero por venir de más lejos...

Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
La palidez extraña que doblé sin saberlo,

                   Ven a mí: mente a mente;
                   Ven a mí: cuerpo a cuerpo

Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
Tú me dirás qué has hecho del sueño de aquel beso...
Me dirás si lloraste cuando te dejé solo...
                    ¡Y me dirás si has muerto!...
                    
                        Si has muerto,
Mi pena enlutará la alcoba lentamente,
Y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tinieblas,
Y en la tiniebla ahondada de silencio,
Nos velará llorando, llorando hasta morirse
               Nuestro hijo: el recuerdo.




Los dos videos, buenísimos a mi parecer, están recitados por Raquel Diana, (Montevideo 1960) actriz, escritora, directora teatral y docente. Profesora de Filosofía.


DELMIRA 





En esta pieza de alquiler fue citada por el hombre que había sido su marido; y queriendo tenerla, queriendo quedársela, él la amó y la mató, matándose él después.


Publican los diarios uruguayos la foto del cuerpo que yace tumbado junto a la cama, Delmira abatida por dos tiros de revólver, desnuda como sus poemas, las medias caídas, toda desvestida de rojo:

-Vamos más lejos en la noche, vamos...


Delmira Agustini escribía en trance. Había cantado a las fiebres del amor sin pacatos* disimulos, y había sido condenada por quienes castigan en las mujeres lo que en los hombres aplauden, porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino. En el Uruguay marchan las leyes por delante de la gente, que todavía separa el alma del cuerpo como si fueran la Bella y la Bestia. De modo que ante el cadáver de Delmira se derraman lágrimas y frases a propósito de tan sensible pérdida de las letras nacionales, pero en el fondo los dolientes suspiran con alivio:

 la muerta, muerta está, y más vale así.


Pero, ¿muerta está? ¿No serán sombra de su voz y ecos de su cuerpo todos los amantes que en las noches del mundo ardan? ¿No le harán un lugarcito en las noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies resplandecientes?
                          
                                                                                Eduardo Galeano



*pacato, pacata
1. nombre masculino y femenino
[persona] Que tiene miedo ante situaciones nuevas.
sinónimos: timorato
2. adjetivo
Que es propio de la persona pacata.
"tiene un amor pacato que no le deja manifestarse"