Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

sábado, 24 de octubre de 2015

JIAN GUO




Jian Guo, nació en Guizhou China en 1962. Tiene nacionalidad china-australiana. Su obra ha sido expuesta en diferentes países tales como Alemania, Francia, Bélgica, Suecia, EE.UU., México, Australia, Nueva Zelanda, Hong Kong y China, incluyendo el Festival de Arte en Bruselas, la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, la Galería de Queensland de Arte Moderno  y la Galería Nacional de Australia.


Pertenece al movimiento de artistas chinos contemporáneos cuyo trabajo se engloba en el “Realismo Cínico”, que comenzó en la década de 1990 en Beijing. Su arte está fuertemente influenciado por los últimos cincuenta años de agitación política y la violencia en China, un período que incluyó la Gran Revolución Cultural Proletaria en los años 1960 y 70, la guerra de Vietnam entre China a principios de 1980 y la masacre de la Plaza Tiananmen en 1989.


A los diecisiete años, se alistó en el Ejército de Liberación Popular de China (EPL) durante una campaña de reclutamiento para apoyar la guerra chino-vietnamita, iniciado por el entonces líder del país Deng Xiaoping. En 1978, Jian Guo intento entrar en la Universidad Minzu China, pero le comunicaron que tendría que esperar un año más para inscribirse en el departamento de arte. Poco después, los reclutadores del EPL llegaron a su ciudad y al asegurarle que podría entrar en la escuela de arte del ejército, se alistó, aunque al cambiar las normas al final no pudo empezar sus estudios de arte. En 1982 renunció al ejército y regresó a su ciudad natal, trabajó como oficial de la propaganda de una empresa de transporte local, durante un período también fue conductor de camiones de larga distancia.


En 1985 fue uno de los tres estudiantes aceptados en la universidad de Minzu en el departamento de arte en Beijing, de 6000 aspirantes que se presentaron al examen de ingreso de su provincia. Estudió inicialmente pintura tradicional china, caligrafía, y Sumi-e que se centra en el arte figurativo y finalmente, se graduó con una licenciatura en Artes, en pintura y en literatura china.


Al igual que muchos estudiantes de la época, Jian Guo participó en las protestas estudiantiles y huelgas de hambre. Frente a los soldados junto con los otros estudiantes, se vio a sí mismo en ambos lados de la división, tanto como estudiante y como soldado. Jian Guo sobrevivió y se graduó en julio de 1989, pero su participación en el movimiento de protesta significó que se le prohibía poder acceder al sistema de colocación para graduados en ese momento.


Fue parte del primer grupo de artistas que se trasladaron a las afueras de Beijing para Yuanmingyuan (el sitio del Antiguo Palacio de Verano ruinas) y formaron los artistas motivados por un deseo de alejarse del ambiente restrictivo de Pekín, es allí donde Jian Guo comenzó su carrera como pintor profesional.




Después de las protestas de Tiananmen y la posterior represión de 1989, el sector del arte y el entorno social y político general en Beijing y en toda China, se mantuvo restrictiva y conservadora. Como resultado de la presión de las autoridades, Jian Guo decidió salir de China. En 1992 emigró a Australia. Después de llegar a Sidney, tuvo diferentes empleos para poder financiar su arte mientras pintada por la noche. Su obra se ganó la atención de los críticos y su reputación creció.


Los temas de la obra de giran principalmente en torno a la relación entre el entretenimiento y la violencia, la agresión y la lujuria, el glamour y el vicio, la corrupción y la destrucción, su arte también explora temas comunes y enfoques, tanto en la propaganda china y la propaganda occidental.


Algunas de sus obras:










Su particular visión de la obra de Tolkien que es lo que más me gusta de él:


El Hobbitt


Thranduil  el rey de los Elfos silvanos del Bosque Negro


En Moria







La Comunidad del Anillo


La Comunidad del Anillo





Imágenes del Hobbit


En el bosque de Lothlórien ante Galadriel y Celeborn 


Coronación de Aragorn







viernes, 23 de octubre de 2015

EL TEMIDO ENEMIGO


La idea de este cuento llegó a mí escuchando un relato de 
Enrique Mariscal. Me permití, partir de allí prolongar el cuento
transformarlo en otra historia con otro mensaje y otro sentido...
Así como está ahora se lo regalé una tarde a mí amigo Norbi.























Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él necesitaba, además que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él era el más poderoso del reino.

Invariablemente todos le decían lo mismo:

-Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él conoce el futuro.

En aquel tiempo, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran
llamados, genéricamente “magos”


El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí, algo que no sentían por el rey, ya que este quizás porque necesitase demostrar que era él quien mandaba, no se mostraba justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan:

Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago. Después de la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se había equivocado en su predicción. Se acabarían, en una sola noche, el mago y el mito de sus poderes...

Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó...

...Después de la gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y le preguntó:

-¿Es cierto que puedes leer el futuro?


-Un poco - dijo el mago.

-¿Y puedes leer tu propio futuro?- preguntó el rey.

-Un poco - dijo el mago.

-Entonces quiero que me des una prueba - dijo el rey - ¿Qué día morirás?.

¿Cuál es la fecha de tu muerte?






El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.

-¿Qué pasa mago? -dijo el rey sonriente- ¿No lo sabes?... ¿no es cierto que puedes ver el futuro?

-No es eso -dijo el mago- pero lo que sé, no me animo a decírtelo.

-¿Cómo que no te animas? -dijo el rey- Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?

Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:

-No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey. Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.

El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.

Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio...

Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio había sido el peor consejero.

- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? - preguntó el invitado.

- Me siento mal - contestó el monarca - voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido.

Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...

El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte. ¿Habría leído su mente?

La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?... Estaba aturdido. Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa.

El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:

-Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.

-¡Majestad!. Será un gran honor, dijo el invitado con una reverencia.

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y para que custodiasen su puerta asegurándose de que nada pasara.

Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si el mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le
hubiera llegado su hora.

Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado. Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta, necesitaba una excusa.

Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.

El rey, casi sin escuchar la respuesta, alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más, supuestamente, para “consultarle” otro asunto... (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara). El mago -que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados- aceptó.

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.




No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones. Pasaron los meses y luego los años. Y como siempre estar cerca del que sabe vuelve al que no sabe, más sabio.

Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder. Empezó a aprender que la humildad también podía tener sus ventajas. Empezó a reinar de una manera más sabia, justa y bondadosa.

Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes. El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar. El rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos. Hasta que un día, a más de cuatro años de aquella cena, sin motivo, el rey recordó.

Recordó que este hombre, a quien consideraba ahora su mejor amigo, había sido su más odiado enemigo. Recordó aquél plan que alguna vez urdió para matarlo. Y sé dio cuenta que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita.

El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró, le dijo:

-Hermano mío, tengo algo para contarte que me oprime el pecho.

-Dime -dijo el mago- y alivia tu corazón.

-Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no
quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte frente a cualquier cosa que me dijeras, quería que tu muerte inesperada desmitificara tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban. Estoy tan avergonzado.

El rey suspiró profundamente y siguió:

-Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que
amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho. Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia. Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.

El mago lo miró y le dijo:

-Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo, pero de todas maneras, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste con la mano sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta ser adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer -el mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey. 

-Como justa devolución a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí. Te confieso que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado:

Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles y sin embargo, si nos damos tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos.

Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes. El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esta relación que habían sabido construir juntos.

Cuenta la leyenda que misteriosamente, esa misma noche el mago murió durante el sueño. El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente y se sintió desolado. No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo. Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.

¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago justo la noche anterior a su muerte?. Tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos.

Dicen que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago. Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos. Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.

La leyenda nos cuenta también, que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía, quizás fue casualidad; quizás fue de dolor; o quizás para confirmar la última enseñanza de su amigo y maestro.


                                                                     Jorge Bucay








jueves, 15 de octubre de 2015

MUSEO SOROLLA





La casa de Sorolla: 

Joaquín Sorolla hizo construir esta hermosa casa cuando ya era un artista en la cima del éxito y aquí vivió hasta el fin de sus días con su mujer y sus tres hijos: María Clotilde, Joaquín y Elena.


El edificio, rodeado de su jardín, queda como uno de los pocos testigos de lo que fueron los palacetes del Paseo de la Castellana y sus zonas inmediatas. Sorolla empezó a vivir en la casa en 1911, el arquitecto encargado del proyecto fue Enrique Repullés y Vargas, que siguió los dictados de Sorolla, quién intervino activamente en el diseño para acomodarlo a sus deseos, disponiendo amplios estudios con luz cenital para su trabajo; una zona doméstica de representación, lujosa y elegante; y una zona doméstica privada, además de abundantes espacios de servicio. Y dos especiales caprichos de Sorolla: un «patio andaluz» con azulejos y tiestos; y un jardín con citas italianas y andaluzas, recuerdos del Alcázar de Sevilla y de la Alhambra de Granada donde no falta de nada: pórtico con serliana, fuente, pila, alberca, pérgola, estanque, más mármol y azulejos… Y una vegetación que, cuando todavía no había edificios alrededor y recibía luz abundante, florecía, como vemos en los cuadros de Sorolla, con alegre exuberancia: rosas, geranios, adelfas, alhelíes, y mirtos traídos de la Alhambra y plantados personalmente por Sorolla.


Autorretrato

El Museo Sorolla: 

Fue creado a petición de la viuda del pintor, Clotilde García del Castillo, quien en el año 1925, dictó testamento donando todos sus bienes al Estado para la fundación de un museo en memoria de su marido, siendo aceptado dicho legado el día 28 de marzo de 1931 e inaugurándose el Museo en 1932 y quedando ubicado en el edificio en el que el pintor tenía su casa y su taller.


Su hijo Joaquín Sorolla García, fue el primer director del Museo hasta su fallecimiento en 1948. Además legó nuevos fondos al Estado. La colección se ha ido completando posteriormente con compras. Desde el año 1973 el Museo es estatal y depende del Ministerio de Cultura. Es uno de los más populares de Madrid.


El punto fuerte de las colecciones es, naturalmente, la pintura de Sorolla. La colección del museo es el conjunto más importante de obras de este pintor que se conserva en una misma institución. Sorolla fue quedándose con aquellas obras que había pintado por su gusto o que por ser retratos familiares no estaban destinadas a la venta. Se trata, pues, de una colección muy personal del pintor, que se completa con numerosos dibujos y "notas de color", tablillas al óleo donde el pintor recogía continuamente sus impresiones.


Las colecciones: 

Están compuestas por numerosas obras del propio Sorolla, por un gran número de objetos que poseyó el autor. 

Estos últimos se pueden dividir en cuatro categorías:

Escultura: entre las que hay obras de Auguste Rodin, Pedro de Mena, Mariano Benlliure y varias Vírgenes con el Niño alemanas y castellanas, así como un retrato del propio Sorolla, estatua donada por la Sociedad Hispana de América.

Arqueología: en la que se pueden encontrar esculturas romanas y obras andalusíes.

Cerámica: con piezas provenientes de Andalucía, Aragón, y sobre todo, Valencia. Además cuenta con un jarrón realizado por Daniel Zuloaga.

Pintura: que incluye obras de José de Ribera, Aureliano de Beruete, Benlliure, Mariano Fortuny, John Singer Sargent y muchas obras realizadas por los hijos del pintor.


Pero además el museo cuenta con todo el mobiliario y las «otras colecciones» que decoraban la casa en vida de Sorolla: esculturas y cerámicas, sobre todo, y todo tipo de enseres: entre ellos, los caballetes, las paletas y los pinceles del pintor.



Algunas imagenes de la casa-museo, de sus jardínes y una pequeña muestra de su obra :



Acceso desde el jardín

Diversas estancias de la casa-museo:




















Su despacho

Vista del Taller






Diferentes tomas de los jardínes diseñados por el propio Sorolla:

























Algunas de sus obras:


Paseo a las orillas del mar


A la sombra de la barca


Jardín de su casa


Los guitarristas


Pescadoras valencianas


Aquí os dejo información sobre el Museo, por si queréis ir a visitarlo:

Dirección: General Martínez Campos, 37 – Madrid

De martes a sábado: de 9:30 a 20:00 h. ininterrumpido
Domingo y festivos: de 10:00 a 15:00 h.

Cerrado: todos los lunes del año, 1 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre, y dos festivos locales.

Se recomienda al público que si quieren disfrutar con más comodidad de la visita la hagan por la tarde ya que durante la mañana hay más afluencia de grupos y escolares.

Precio de la entrada: 3 €
Entrada gratuita:
- Sábados a partir de las 14:00 horas
- Todos los domingos
- 18 de mayo (Día Internacional de los Museos)
- 12 de octubre (Fiesta Nacional de España)
- 16 de noviembre: Día del Patrimonio Mundial
- 6 de diciembre (Día de la Constitución Española)


Es uno de mis preferidos, un lugar increíble, además me encanta su pintura. Os lo recomiendo.