Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

jueves, 10 de diciembre de 2015

JAIME SABINES - POEMAS

25 de marzo de 1926, Tuxtla Gutiérrez, México
  19 de marzo de 1999, México, D. F., México




SOLO EN SUEÑOS


Sólo en sueños, 
sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
a ciertas horas, cuando cierro puertas 
detrás de mí.


¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
y ahora estoy preso en su sortilegio, 
atrapado en su red! 
¡Con qué morboso deleite te introduzco 
en la casa abandonada, y te amo mil veces 
de la misma manera distinta!


Esos sitios que tú y yo conocemos 
nos esperan todas las noches 
como una vieja cama 
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. 
Me gusta decirte lo de siempre 
y mis manos adoran tu pelo 
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.


Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, 
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. 
A veces lo recuerdo. A veces 
sólo el cuerpo cansado me lo dice. 
Al duro amanecer estás desvaneciéndote 
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.



TU NOMBRE


Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. 
Trato de escribir que te amo. 
Trato de decir a oscuras todo esto.


No quiero que nadie se entere, 
que nadie me mire a las tres de la mañana 
paseando de un lado a otro de la estancia, 
loco, lleno de ti, enamorado.


Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. 
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, 
lo grita mi corazón amordazado.


Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, 
lo digo incansablemente, 
y estoy seguro que habrá de amanecer



VAMOS A GUARDAR ESTE DÍA...

Vamos a guardar este día 
entre las horas, para siempre, 
el cuarto a oscuras, 
Debussy y la lluvia, 
tú a mi lado, descansando de amar. 
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo 
flotaba densamente, imantado, como una mano 
acariciando. 
Tu espalda como una llanura en el silencio 
y el declive inmóvil de tu costado 
en que trataban de levantarse, 
como de un sueño, mis besos. 

La atmósfera pesada 
de encierro, de amor, de fatiga, 
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote. 
todo ese malestar del sexo ahíto, 
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos 
a través de la sombra para reconciliarnos. 
Tu gesto de mujer de piedra, 
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas, 
domesticabas tu soledad.

Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué. 
Y más tarde tu mano apretando la mía, 
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho, 
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello. 
Vamos a guardar este día 
entre las horas para siempre



PASA EL LUNES...

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón aturdido,
la vida pasando como estas palabras.
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia, 
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías, 
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.
¡Qué hermosa palabra "Dios", larga
y útil al miedo, salvadora! 
Aprendemos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

No hay más que esta ternura que siento hacia ti, engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
no hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol,
plantado como un árbol, recorriéndolo todo.

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños,
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el día lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar, 
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.










MARIO BENEDETTI - POEMAS


14 de septiembre de 1920, Paso de los Toros, Uruguay
 17 de mayo de 2009, Montevideo, Uruguay
Esposa : Luz López  - 1946-2006
Escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo,
integrante de la generación del 45





DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas del azar 
y también de la alegría.



HOMBRE QUE MIRA EL CIELO

Mientras pasa la estrella fugaz
acopio en este deseo instantáneo,
montones de deseos hondos y prioritarios.

Por ejemplo que el dolor no me apague la rabia,
que la alegría no desarme mi amor,
que los asesinos del pueblo se traguen
sus molares, caninos e incisivos
y se muerdan juiciosamente el hígado.

Que los barrotes de las celdas
se vuelvan de azúcar o se curven de piedad,
y mis hermanos puedan hacer de nuevo
el amor y la revolución.

Que cuando enfrentemos el implacable espejo
no maldigamos ni nos maldigamos.

Que los justos avancen,
aunque estén imperfectos y heridos.

Que avancen porfiados como castores,
solidarios como abejas,
aguerridos como jaguares.

Y empuñen todos sus noes
para instalar la gran afirmación.

Que la muerte pierda su asquerosa puntualidad.

Que cuando el corazón se salga del pecho
pueda encontrar el camino de regreso.

Que la muerte pierda su asquerosa y brutal puntualidad,
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza.

Que el aire vuelva a ser respirable
y de todos.

Y que vos muchachita sigas alegre y dolorida,
poniendo en tus ojos el alma.
Y aparte tu mano en mi mano,
y nada más.
Porque el cielo ya está de nuevo torvo
y sin estrellas.

Con helicóptero y sin dios.


CHAU PESIMISMO

Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo

años que te preparo el desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales
y también que al mal tiempo buena cara

pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman

se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado

claro que voy a despedirte
no sé por qué no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno lo deja triste tu tristeza
amargo tu amargura
alarmista tu alarma

ya sé vas a decirme no hay motivos
para la euforia y las celebraciones
y claro cuandonó tenés razón

pero es tan boba tu razón tan obvia
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón

ya sos mayor de edad
chau pesimismo

y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo.


EL SILENCIO DEL MAR

El silencio del mar
brama un juicio infinito
más concentrado que el de un cántaro,
más implacable que dos gotas.

Ya acerque el horizonte o nos entregue
la muerte azul de las medusas,
nuestras sospechas no lo dejan,
el mar escucha como un sordo,
es insensible como un dios
y sobrevive a los sobrevivientes

Nunca sabré que espero de él
ni que conjuro deja en mis tobillos
pero cuando estos ojos se hartan de baldosas
y esperan entre el llano y las colinas
o en calles que se cierran en más calles
entonces sí me siento náufrago
y sólo el mar puede salvarme.



ESE GRAN SIMULACRO

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir / arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinan por el olvido
como si fuese el camino de santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite / los recuerdos
        atroces y de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.






El Potrero del Tango







ALFRED TENNYSON - POEMAS


Fue un poeta y dramaturgo inglés, perteneciente al postromanticismo, esta considerado como uno de los más ilustres de la literatura universal.


Primer barón de Tennyson, Miembro de la Cámara de los Lores, Poeta Laureado del Reino Unido (1850), Miembro honorario del Trinity College de Cambridge.


La dama de Shalott, In Memoriam, Idilios del rey, son algunas de sus obras más notables.


Nació el 6 de agosto de 1809
             en Somersby, Reino Unido
Falleció el 6 de octubre de 1892
             en Lurgashall, Reino Unido.
Está enterrado en la abadía de Westminster.




LA MAÑANA ESTÁ EN CALMA...

La mañana está en calma, sin rumores; en calma,
como para ofrecerse a un dolor más tranquilo;
y tan sólo, chocando con las hojas marchitas,
el fruto del castaño se desliza hasta el suelo.

Calma y profunda paz en estas altas lomas
y en gotas de rocío que inundan las aliagas,
y en esas telarañas de plata, que entre el oro
y el verde centellean.

Calma y tranquila paz en la llanura vasta
que a lo lejos se tiende, con boscajes de otoño,
y en las granjas pobladas y en torres que se tornan
menudas y se mezclan con el mar murmurante.

Calma y profunda paz en el aire anchuroso,
en las hojas que torna rojizas la otoñada,
y si en mi corazón hubiere alguna calma,
será desesperanza tranquila, solamente.

Calma sobre los mares y plateado sueño
y correr de las ondas, que van a su reposo;
y calma de la muerte en aquel noble pecho,
que alienta, pero sólo con las aguas profundas.



FLOR EN EL MURO AGRIETADO


Flor en el muro agrietado,

te arranco de tu tumba y te sostengo,

Raíz con raíz, tu todo con el todo.

Pequeña flor, si pudiera captar tu esencia,

Entendería qué es el hombre, 
qué es Dios.





PERMANECE CERCA

Permanece cerca cuando se extinga mi luz,
Y la sangre se arrastre y mis nervios se quiebren
Con punzadas lacerantes. Y el corazón enfermo
Y las ruedas del tiempo giren pausadamente.

Permanece cerca cuando mi carne frágil
Sea atormentada por dolores que rozan la verdad.
Y el tiempo lunático siga esparciendo el polvo,
Y la vida furiosa arroje llamas.

Permanece cerca cuando mi fe se marchite,
Y los hombres, las moscas del último estío
Que colocan sus huevos, y piquen y canten
Y tejan sus diminutas celdas y mueran.

Permanece cerca cuando desvaneciéndome,
Y puedas apuntar el final de mi lucha
En el atardecer de los días eternos,
En el bajo y oscuro abismo de la vida.



CUANDO BAÑA MI LECHO LUZ DE LUNA...

Cuando baña mi lecho luz de luna,
bien sé que en el lugar de tu reposo,
junto al agua anchurosa de poniente,
derrámase una gloria en las murallas:

entre las sombras surge tu mármol reluciente,
al deslizarse, lenta, una llama de plata,
aclarando las letras de tu nombre,
la cifra de tus años.

El místico esplendor flota y se aleja:
en mi lecho se apagan las luces de la luna
y, cerrando los ojos fatigados,
duermo hasta que el crepúsculo se sumerge en sus grises;

y entonces sé que ya la bruma flota,
como velo traslúcido, de ribera a ribera,
y en el oscuro templo, al modo de un espíritu,

centellea tu lápida a la aurora









miércoles, 9 de diciembre de 2015

JORGE LUIS BORGES - POEMAS

 24 de agosto de 1899, Buenos Aires, Argentina
14 de junio de 1986, Ginebra, Suiza
Está enterrado en el Cementerio de los Reyes en Ginebra, Suiza


LOS ESPEJOS

Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos

Sino ante el agua especular que imita
El otro azul en su profundo cielo
Que a veces raya el ilusorio vuelo
Del ave inversa o que un temblor agita

Y ante la superficie silenciosa
Del ébano sutil cuya tersura
Repite como un sueño la blancura
De un vago mármol o una vaga rosa,

Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos.

Espejos de metal, enmascarado
Espejo de caoba que en la bruma
De su rojo crepúsculo disfuma
Ese rostro que mira y es mirado,

Infinitos los veo, elementales
Ejecutores de un antiguo pacto,
Multiplicar el mundo como el acto
Generativo, insomnes y fatales.

Prolongan este vano mundo incierto
En su vertiginosa telaraña;
A veces en la tarde los empaña
El hálito de un hombre que no ha muerto.

Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
Paredes de la alcoba hay un espejo,
Ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
Que arma en el alba un sigiloso teatro.

Todo acontece y nada se recuerda
En esos gabinetes cristalinos
Donde, como fantásticos rabinos,
Leemos los libros de derecha a izquierda.

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
No sintió que era un sueño hasta aquel día
En que un actor mimó su felonía
Con arte silencioso, en un tablado.

Que haya sueños es raro, que haya espejos,
Que el usual y gastado repertorio
De cada día incluya el ilusorio
Orbe profundo que urden los reflejos.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
En toda esa inasible arquitectura
Que edifica la luz con la tersura
Del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre sienta que es reflejo
Y vanidad. Por eso nos alarman.


EL GUARDIÁN DE LOS LIBROS

Ahí están los jardines, los templos y la justificación de los templos,
La recta música y las rectas palabras,
Los sesenta y cuatro hexagramas,
Los ritos que son la única sabiduría
Que otorga el Firmamento a los hombres,
El decoro de aquel emperador
Cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
De suerte que los campos daban sus frutos
Y los torrentes respetaban sus márgenes,
El unicornio herido que regresa para marcar el fin,
Las secretas leyes eternas,
El concierto del orbe;
Esas cosas o su memoria están en los libros
Que custodio en la torre.

Los tártaros vinieron del Norte
En crinados potros pequeños;
Aniquilaron los ejércitos
Que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,
Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas,
Mataron al perverso y al justo,
Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,
Usaron y olvidaron a las mujeres
Y siguieron al Sur,
Inocentes como animales de presa,
Crueles como cuchillos.
En el alba dudosa
El padre de mi padre salvó los libros.
Aquí están en la torre donde yazgo,
Recordando los días que fueron de otros,
Los ajenos y antiguos.




En mis ojos no hay días. Los anaqueles
Están muy altos y no los alcanzan mis años.
Leguas de polvo y sueño cercan la torre.
¿A qué engañarme?
La verdad es que nunca he sabido leer,
Pero me consuelo pensando
Que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo
Para un hombre que ha sido
Y que contempla lo que fue la ciudad
Y ahora vuelve a ser el desierto.
¿Qué me impide soñar que alguna vez
Descifré la sabiduría
Y dibujé con aplicada mano los símbolos?
Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
Que acaso son los últimos,
Porque nada sabemos del Imperio
Y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
Cercanos y lejanos a un tiempo,
Secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos.



ALGUIEN

Un hombre trabajado por el tiempo, 
un hombre que ni siquiera espera la muerte 
(las pruebas de la muerte son estadísticas 
y nadie hay que no corra el albur 
de ser el primer inmortal), 
un hombre que ha aprendido a agradecer 
las modestas limosnas de los días: 
el sueño, la rutina, el sabor del agua, 
una no sospechada etimología, 
un verso latino o sajón, 
la memoria de una mujer que lo ha abandonado 
hace ya tantos años 
que hoy puede recordarla sin amargura, 
un hombre que no ignora que el presente 
ya es el porvenir y el olvido, 
un hombre que ha sido desleal 
y con el que fueron desleales, 
puede sentir de pronto, al cruzar la calle, 

una misteriosa felicidad 
que no viene del lado de la esperanza 
sino de una antigua inocencia, 
de su propia raíz o de un dios disperso. 

Sabe que no debe mirarla de cerca, 
porque hay razones más terribles que tigres 
que le demostrarán su obligación 
de ser un desdichado, 
pero humildemente recibe 
esa felicidad, esa ráfaga. 

Quizá en la muerte para siempre seremos, 
cuando el polvo sea polvo, 
esa indescifrable raíz, 

de la cual para siempre crecerá, 
ecuánime o atroz, 
nuestro solitario cielo o infierno.




EL SUEÑO

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que solo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?





EL RELOJ DE ARENA

Está bien que se mida con la dura 
sombra que una columna en el estío 
arroja o con el agua de aquel río 
en que Heráclito vio nuestra locura 

El tiempo, ya que al tiempo y al destino 
se parecen los dos: la imponderable 
sombra diurna y el curso irrevocable 
del agua que prosigue su camino. 

Está bien, pero el tiempo en los desiertos 
otra substancia halló, suave y pesada, 
que parece haber sido imaginada 
para medir el tiempo de los muertos. 

Surge así el alegórico instrumento 
de los grabados de los diccionarios, 
la pieza que los grises anticuarios 
relegarán al mundo ceniciento 

Del alfil desparejo, de la espada 
inerme, del borroso telescopio, 
del sándalo mordido por el opio 
del polvo, del azar y de la nada. 

¿Quién no se ha demorado ante el severo 
y tétrico instrumento que acompaña 
en la diestra del dios a la guadaña 
y cuyas líneas repitió Durero? 

Por el ápice abierto el cono inverso 
deja caer la cautelosa arena, 
oro gradual que se desprende y llena 
el cóncavo cristal de su universo. 

Hay un agrado en observar la arcana 
arena que resbala y que declina 
y a punto de caer, se arremolina 
con una prisa que es del todo humana. 

La arena de los ciclos es la misma 
e infinita es la historia de la arena; 
así, bajo tus dichas o tu pena, 
la invulnerable eternidad se abisma. 

No se detiene nunca la caída 
yo me desangro, no el cristal. El rito 
de decantar la arena es infinito 
y con la arena se nos va la vida. 

En los minutos de la arena creo 
sentir el tiempo cósmico: la historia 
que encierra en sus espejos la memoria 
o que ha disuelto el mágico Leteo. 

El pilar de humo y el pilar de fuego, 
Cartago y Roma y su apretada guerra, 
Simón Mago, los siete pies de tierra 
que el rey sajón ofrece al rey noruego, 

Todo lo arrastra y pierde este incansable 
hilo sutil de arena numerosa. 
no he de salvarme yo, fortuita cosa 
de tiempo, que es materia deleznable.


La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado 
Porque ya cae la lluvia minuciosa. 
Cae o cayó. La lluvia es una cosa 
Que sin duda sucede en el pasado. 

Quien la oye caer ha recobrado 
El tiempo en que la suerte venturosa 
Le reveló una flor llamada rosa 
Y el curioso color del colorado. 

Esta lluvia que ciega los cristales 
Alegrará en perdidos arrabales 
Las negras uvas de una parra en cierto 

Patio que ya no existe. La mojada 
Tarde me trae la voz, la voz deseada, 

De mi padre que vuelve y que no ha muerto.


.
QUINCE MONEDAS

Un poeta oriental

Durante cien otoños he mirado
tu tenue disco.
Durante cien otoños he mirado
tu arco sobre las islas.
Durante cien otoños mis labios
no han sido menos silenciosos.

El desierto

El espacio sin tiempo.
La luna es del color de la arena.
Ahora, precisamente ahora,
mueren los hombres del Metauro y de Tannenberg.

Llueve

¿En qué ayer, en qué patios de Cartago,
cae también la lluvia?

Asterión

El año me tributa mi pasto de hombres
y en la cisterna hay agua.
En mí se anudan los caminos de piedra.
¿De qué puedo quejarme?
En los atardeceres
me pesa un poco la cabeza de toro.

Un poeta menor

La meta es el olvido.
Yo he llegado antes.

Génesis, IV, 8

Fue en el primer desierto.
Dos brazos arrojaron una gran piedra.
No hubo un grito. Hubo sangre.
Hubo por vez primera la muerte.
Ya no recuerdo si fui Abel o Caín.

Nortumbria, 900 A.D.

Que antes del alba lo despojen los lobos;
la espada es el camino más corto.

Miguel de Cervantes

Crueles estrellas y propicias estrellas
presidieron la noche de mi génesis;
debo a las últimas la cárcel
en que soñé el Quijote.

El Oeste

El callejón final con su poniente.
Inauguración de la pampa.
Inauguración de la muerte.

Estancia El Retiro

El tiempo juega un ajedrez sin piezas
en el patio. El crujido de una rama
rasga la noche. Fuera la llanura
leguas de polvo y sueño desparrama.
Sombras los dos, copiamos lo que dictan
otras sombras: Heráclito y Gautama.

El prisionero

Una lima.
La primera de las pesadas puertas de hierro.
Algún día seré libre.

Macbeth

Nuestros actos prosiguen su camino,
que no conoce término.
Maté a mi rey para que Shakespeare
urdiera su tragedia.

Eternidades

La serpiente que ciñe el mar y es el mar,
el repetido remo de Jasón, la joven espada de Sigurd.
Sólo perduran en el tiempo las cosas
que no fueron del tiempo.

E. A. P.

Los sueños que he soñado. El pozo y el péndulo.
El hombre de las multitudes. Ligeia…
Pero también este otro.

El espía

En la pública luz de las batallas
otros dan su vida a la patria
y los recuerda el mármol.
Yo he errado oscuro por ciudades que odio.
Le di otras cosas.
Abjuré de mi honor,
traicioné a quienes me creyeron su amigo,
compré conciencias,
abominé del nombre de la patria,
me resigné a la infamia.





 "El Tango"(1965) una buena colaboración con textos de Borges, música de Piazzolla, recitando Luis Medina Castro y cantado por Edmundo Rivero.






SONETOS - PATXI ANDION


Navegando voy por mi silencio,
una carga de fichajes y escayolas,
una palabra escrita en el desierto,
una muerte interrumpida en cada hora 
y ese silencio macho hasta la frente
me hace saltar la brisa de las manos,
me hace volcar mi entraña de repente
y voy pariendo cantos como clavos.

Quiero atrapar del pelo la mañana,
quiero exprimir el cielo y que despierte
de esa quietud gravosa y casquivana,
quiero salvar la fuerza de los dientes
para cantar de cerca, 
cantar de cerca y gritar alto
que hacen falta equipajes en la gente.

Y es que el canto que no sirva para todos,
ese canto que ni abrigue ni despierte
es un lujo inaceptable por sí sólo,
es una pompa de jabón sobre un susurro,
es un paso en el vacío, es un hueco,
la cienmilésima parte de un murmullo.

Porque el que canta bajo canta solo
y es el suyo un canto para adentro,
y racionan la voz y dan un poco,
y así transforman demandas en lamentos;
y a mí me faltan horas y sobran silencios
no quiero poner volumen a mi canto,
no puedo cantar bajo sin desprecio,
no puedo cantar solo, no tengo tiempo.


En el Rastro, a 9 de marzo de 1973
Letra y música: Patxi Andión