25 de marzo de 1926, Tuxtla Gutiérrez, México 19 de marzo de 1999, México, D. F., México
SOLO EN SUEÑOS
Sólo en sueños,
sólo en el otro mundo del sueño te consigo,
a ciertas horas, cuando cierro puertas
detrás de mí.
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,
y ahora estoy preso en su sortilegio,
atrapado en su red!
¡Con qué morboso deleite te introduzco
en la casa abandonada, y te amo mil veces
de la misma manera distinta!
Esos sitios que tú y yo conocemos
nos esperan todas las noches
como una vieja cama
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.
Me gusta decirte lo de siempre
y mis manos adoran tu pelo
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.
Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.
A veces lo recuerdo. A veces
sólo el cuerpo cansado me lo dice.
Al duro amanecer estás desvaneciéndote
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.
TU NOMBRE
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer
VAMOS A GUARDAR ESTE DÍA... Vamos a guardar este día entre las horas, para siempre, el cuarto a oscuras, Debussy y la lluvia, tú a mi lado, descansando de amar. Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo flotaba densamente, imantado, como una mano acariciando. Tu espalda como una llanura en el silencio y el declive inmóvil de tu costado en que trataban de levantarse, como de un sueño, mis besos. La atmósfera pesada de encierro, de amor, de fatiga, con tu corazón de virgen odiándome y odiándote. todo ese malestar del sexo ahíto, esa convalecencia en que nos buscaban los ojos a través de la sombra para reconciliarnos. Tu gesto de mujer de piedra, última máscara en que a pesar de ti te refugiabas, domesticabas tu soledad. Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué. Y más tarde tu mano apretando la mía, cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho, y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello. Vamos a guardar este día entre las horas para siempre
PASA EL LUNES... Pasa el lunes y pasa el martes y pasa el miércoles y el jueves y el viernes y el sábado y el domingo, y otra vez el lunes y el martes y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere dormir, la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón aturdido, la vida pasando como estas palabras. lunes, martes, miércoles, enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida. La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia, entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio. Encontrarse, de pronto, con las manos vacías, con el corazón vacío, con la memoria como una ventana hacia la obscuridad, y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve? Sombra perdida entre las sombras, ¿cómo recuperarte, rehacerte, vida? Nadie puede vivir de cara a la verdad sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos. Porque la verdad es que somos débiles y miserables y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y afirmar. No podemos vivir a la intemperie en el solo minuto que nos es dado. ¡Qué hermosa palabra "Dios", larga y útil al miedo, salvadora! Aprendemos a cerrar los labios del corazón cuando quiera decirla, y enseñémosle a vivir en su sangre, a revolcarse en su sangre limitada. No hay más que esta ternura que siento hacia ti, engañado, porque algún día vas a abrir los ojos y mirarás tus ojos cerrados para siempre. no hay más que esta ternura de mí mismo que estoy abierto como un árbol, plantado como un árbol, recorriéndolo todo. He aquí la verdad: hacer las máscaras, recitar las voces, elaborar los sueños, Ponerse el rostro del enamorado, la cara del que sufre, la faz del que sonríe, el día lunes, y el martes, y el mes de marzo y el año de la solidaridad humana, y comer a las horas lo mejor que se pueda, y dormir y ayuntar, y seguirse entrenando ocultamente para el evento final del que no habrá testigos.
14 de septiembre de 1920, Paso de los Toros, Uruguay
17 de mayo de 2009, Montevideo, Uruguay Esposa : Luz López - 1946-2006
Escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo,
integrante de la generación del 45
DEFENSA DE LA ALEGRÍA Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
HOMBRE QUE MIRA EL CIELO Mientras pasa la estrella fugaz acopio en este deseo instantáneo, montones de deseos hondos y prioritarios. Por ejemplo que el dolor no me apague la rabia, que la alegría no desarme mi amor, que los asesinos del pueblo se traguen sus molares, caninos e incisivos y se muerdan juiciosamente el hígado.
Que los barrotes de las celdas se vuelvan de azúcar o se curven de piedad, y mis hermanos puedan hacer de nuevo el amor y la revolución. Que cuando enfrentemos el implacable espejo no maldigamos ni nos maldigamos. Que los justos avancen, aunque estén imperfectos y heridos. Que avancen porfiados como castores, solidarios como abejas, aguerridos como jaguares. Y empuñen todos sus noes para instalar la gran afirmación. Que la muerte pierda su asquerosa puntualidad. Que cuando el corazón se salga del pecho pueda encontrar el camino de regreso. Que la muerte pierda su asquerosa y brutal puntualidad, pero si llega puntual no nos agarre muertos de vergüenza. Que el aire vuelva a ser respirable y de todos. Y que vos muchachita sigas alegre y dolorida, poniendo en tus ojos el alma. Y aparte tu mano en mi mano, y nada más. Porque el cielo ya está de nuevo torvo y sin estrellas.
Con helicóptero y sin dios.
CHAU PESIMISMO Ya sos mayor de edad tengo que despedirte pesimismo años que te preparo el desayuno que vigilo tu tos de mal agüero y te tomo la fiebre que trato de narrarte pormenores del pasado mediato convencerte de que en el fondo somos gallardos y leales y también que al mal tiempo buena cara pero como si nada seguís malhumorado arisco e insociable y te repantigás en la avería como si fuese una butaca pullman se te ve la fruición por el malogro tu viejo idilio con la mala sombra tu manía de orar junto a las ruinas tu goce ante el desastre inesperado claro que voy a despedirte no sé por qué no lo hice antes será porque tenés tu propio método de hacerte necesario y a uno lo deja triste tu tristeza amargo tu amargura alarmista tu alarma ya sé vas a decirme no hay motivos para la euforia y las celebraciones y claro cuandonó tenés razón pero es tan boba tu razón tan obvia tan remendada y remedada tan igualita al pálpito que enseguida se vuelve sinrazón ya sos mayor de edad chau pesimismo y por favor andate despacito sin despertar al monstruo. EL SILENCIO DEL MAR
El silencio del mar brama un juicio infinito más concentrado que el de un cántaro, más implacable que dos gotas. Ya acerque el horizonte o nos entregue la muerte azul de las medusas, nuestras sospechas no lo dejan, el mar escucha como un sordo, es insensible como un dios y sobrevive a los sobrevivientes Nunca sabré que espero de él ni que conjuro deja en mis tobillos pero cuando estos ojos se hartan de baldosas y esperan entre el llano y las colinas o en calles que se cierran en más calles entonces sí me siento náufrago y sólo el mar puede salvarme.
ESE GRAN SIMULACRO Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existido los combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi región no es la farándula de otros en mi región hay calvarios de ausencia muñones de porvenir / arrabales de duelo pero también candores de mosqueta pianos que arrancan lágrimas cadáveres que miran aún desde sus huertos nostalgias inmóviles en un pozo de otoño sentimientos insoportablemente actuales que se niegan a morir allá en lo oscuro el olvido está lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar rencores por la borda en el fondo el olvido es un gran simulacro nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar un gran simulacro repleto de fantasmas esos romeros que peregrinan por el olvido como si fuese el camino de santiago el día o la noche en que el olvido estalle salte en pedazos o crepite / los recuerdos atroces y de maravilla quebrarán los barrotes de fuego arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será que no hay olvido.
Fue un poeta y dramaturgo inglés, perteneciente al postromanticismo, esta considerado como uno de los más ilustres de la literatura universal.
Primer barón de Tennyson, Miembro de la Cámara de los Lores, Poeta Laureado del Reino Unido (1850), Miembro honorario del Trinity College de Cambridge.
La dama de Shalott, In Memoriam, Idilios del rey, son algunas de sus obras más notables.
Nació el 6 de agosto de 1809
en Somersby, Reino Unido
Falleció el 6 de octubre de 1892
en Lurgashall, Reino Unido.
Está enterrado en la abadía de Westminster.
LA MAÑANA ESTÁ EN CALMA...
La mañana está en calma, sin rumores; en calma, como para ofrecerse a un dolor más tranquilo; y tan sólo, chocando con las hojas marchitas, el fruto del castaño se desliza hasta el suelo. Calma y profunda paz en estas altas lomas y en gotas de rocío que inundan las aliagas, y en esas telarañas de plata, que entre el oro y el verde centellean.
Calma y tranquila paz en la llanura vasta que a lo lejos se tiende, con boscajes de otoño, y en las granjas pobladas y en torres que se tornan menudas y se mezclan con el mar murmurante. Calma y profunda paz en el aire anchuroso, en las hojas que torna rojizas la otoñada, y si en mi corazón hubiere alguna calma, será desesperanza tranquila, solamente. Calma sobre los mares y plateado sueño y correr de las ondas, que van a su reposo; y calma de la muerte en aquel noble pecho, que alienta, pero sólo con las aguas profundas. FLOR EN EL MURO AGRIETADO
Flor en el muro agrietado,
te arranco de tu tumba y te sostengo,
Raíz con raíz, tu todo con el todo. Pequeña flor, si pudiera captar tu esencia, Entendería qué es el hombre, qué es Dios.
PERMANECE CERCA
Permanece cerca cuando se extinga mi luz, Y la sangre se arrastre y mis nervios se quiebren Con punzadas lacerantes. Y el corazón enfermo Y las ruedas del tiempo giren pausadamente. Permanece cerca cuando mi carne frágil Sea atormentada por dolores que rozan la verdad. Y el tiempo lunático siga esparciendo el polvo, Y la vida furiosa arroje llamas. Permanece cerca cuando mi fe se marchite, Y los hombres, las moscas del último estío Que colocan sus huevos, y piquen y canten Y tejan sus diminutas celdas y mueran. Permanece cerca cuando desvaneciéndome, Y puedas apuntar el final de mi lucha En el atardecer de los días eternos, En el bajo y oscuro abismo de la vida.
CUANDO BAÑA MI LECHO LUZ DE LUNA... Cuando baña mi lecho luz de luna, bien sé que en el lugar de tu reposo, junto al agua anchurosa de poniente, derrámase una gloria en las murallas: entre las sombras surge tu mármol reluciente, al deslizarse, lenta, una llama de plata, aclarando las letras de tu nombre, la cifra de tus años. El místico esplendor flota y se aleja: en mi lecho se apagan las luces de la luna y, cerrando los ojos fatigados, duermo hasta que el crepúsculo se sumerge en sus grises; y entonces sé que ya la bruma flota, como velo traslúcido, de ribera a ribera, y en el oscuro templo, al modo de un espíritu, centellea tu lápida a la aurora
Está enterrado en el Cementerio de los Reyes en Ginebra, Suiza
LOS ESPEJOS Yo que sentí el horror de los espejos No sólo ante el cristal impenetrable Donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos Sino ante el agua especular que imita El otro azul en su profundo cielo Que a veces raya el ilusorio vuelo Del ave inversa o que un temblor agita Y ante la superficie silenciosa Del ébano sutil cuya tersura Repite como un sueño la blancura De un vago mármol o una vaga rosa, Hoy, al cabo de tantos y perplejos Años de errar bajo la varia luna, Me pregunto qué azar de la fortuna Hizo que yo temiera los espejos. Espejos de metal, enmascarado Espejo de caoba que en la bruma De su rojo crepúsculo disfuma Ese rostro que mira y es mirado, Infinitos los veo, elementales Ejecutores de un antiguo pacto, Multiplicar el mundo como el acto Generativo, insomnes y fatales. Prolongan este vano mundo incierto En su vertiginosa telaraña; A veces en la tarde los empaña El hálito de un hombre que no ha muerto. Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro Paredes de la alcoba hay un espejo, Ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo Que arma en el alba un sigiloso teatro. Todo acontece y nada se recuerda En esos gabinetes cristalinos Donde, como fantásticos rabinos, Leemos los libros de derecha a izquierda. Claudio, rey de una tarde, rey soñado, No sintió que era un sueño hasta aquel día En que un actor mimó su felonía Con arte silencioso, en un tablado. Que haya sueños es raro, que haya espejos, Que el usual y gastado repertorio De cada día incluya el ilusorio Orbe profundo que urden los reflejos. Dios (he dado en pensar) pone un empeño En toda esa inasible arquitectura Que edifica la luz con la tersura Del cristal y la sombra con el sueño. Dios ha creado las noches que se arman De sueños y las formas del espejo Para que el hombre sienta que es reflejo Y vanidad. Por eso nos alarman.
EL GUARDIÁN DE LOS LIBROS Ahí están los jardines, los templos y la justificación de los templos, La recta música y las rectas palabras, Los sesenta y cuatro hexagramas, Los ritos que son la única sabiduría Que otorga el Firmamento a los hombres, El decoro de aquel emperador Cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo, De suerte que los campos daban sus frutos Y los torrentes respetaban sus márgenes, El unicornio herido que regresa para marcar el fin, Las secretas leyes eternas, El concierto del orbe; Esas cosas o su memoria están en los libros Que custodio en la torre. Los tártaros vinieron del Norte En crinados potros pequeños; Aniquilaron los ejércitos Que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad, Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas, Mataron al perverso y al justo, Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta, Usaron y olvidaron a las mujeres Y siguieron al Sur, Inocentes como animales de presa, Crueles como cuchillos. En el alba dudosa El padre de mi padre salvó los libros. Aquí están en la torre donde yazgo, Recordando los días que fueron de otros, Los ajenos y antiguos.
En mis ojos no hay días. Los anaqueles Están muy altos y no los alcanzan mis años. Leguas de polvo y sueño cercan la torre. ¿A qué engañarme? La verdad es que nunca he sabido leer, Pero me consuelo pensando Que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo Para un hombre que ha sido Y que contempla lo que fue la ciudad Y ahora vuelve a ser el desierto. ¿Qué me impide soñar que alguna vez Descifré la sabiduría Y dibujé con aplicada mano los símbolos? Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros, Que acaso son los últimos, Porque nada sabemos del Imperio Y del Hijo del Cielo. Ahí están en los altos anaqueles, Cercanos y lejanos a un tiempo, Secretos y visibles como los astros. Ahí están los jardines, los templos.
ALGUIEN
Un hombre trabajado por el tiempo, un hombre que ni siquiera espera la muerte (las pruebas de la muerte son estadísticas y nadie hay que no corra el albur de ser el primer inmortal), un hombre que ha aprendido a agradecer las modestas limosnas de los días: el sueño, la rutina, el sabor del agua, una no sospechada etimología, un verso latino o sajón, la memoria de una mujer que lo ha abandonado hace ya tantos años que hoy puede recordarla sin amargura, un hombre que no ignora que el presente ya es el porvenir y el olvido, un hombre que ha sido desleal y con el que fueron desleales, puede sentir de pronto, al cruzar la calle, una misteriosa felicidad que no viene del lado de la esperanza sino de una antigua inocencia, de su propia raíz o de un dios disperso. Sabe que no debe mirarla de cerca, porque hay razones más terribles que tigres que le demostrarán su obligación de ser un desdichado, pero humildemente recibe esa felicidad, esa ráfaga. Quizá en la muerte para siempre seremos, cuando el polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
EL SUEÑO Si el sueño fuera (como dicen) una tregua, un puro reposo de la mente, ¿por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna? ¿Por qué es tan triste madrugar? La hora nos despoja de un don inconcebible, tan íntimo que solo es traducible en un sopor que la vigilia dora de sueños, que bien pueden ser reflejos truncos de los tesoros de la sombra, de un orbe intemporal que no se nombra y que el día deforma en sus espejos. ¿Quién serás esta noche en el oscuro sueño, del otro lado de su muro?
EL RELOJ DE ARENA Está bien que se mida con la dura sombra que una columna en el estío arroja o con el agua de aquel río en que Heráclito vio nuestra locura El tiempo, ya que al tiempo y al destino se parecen los dos: la imponderable sombra diurna y el curso irrevocable del agua que prosigue su camino. Está bien, pero el tiempo en los desiertos otra substancia halló, suave y pesada, que parece haber sido imaginada para medir el tiempo de los muertos. Surge así el alegórico instrumento de los grabados de los diccionarios, la pieza que los grises anticuarios relegarán al mundo ceniciento Del alfil desparejo, de la espada inerme, del borroso telescopio, del sándalo mordido por el opio del polvo, del azar y de la nada. ¿Quién no se ha demorado ante el severo y tétrico instrumento que acompaña en la diestra del dios a la guadaña y cuyas líneas repitió Durero? Por el ápice abierto el cono inverso deja caer la cautelosa arena, oro gradual que se desprende y llena el cóncavo cristal de su universo. Hay un agrado en observar la arcana arena que resbala y que declina y a punto de caer, se arremolina con una prisa que es del todo humana. La arena de los ciclos es la misma e infinita es la historia de la arena; así, bajo tus dichas o tu pena, la invulnerable eternidad se abisma. No se detiene nunca la caída yo me desangro, no el cristal. El rito de decantar la arena es infinito y con la arena se nos va la vida. En los minutos de la arena creo sentir el tiempo cósmico: la historia que encierra en sus espejos la memoria o que ha disuelto el mágico Leteo. El pilar de humo y el pilar de fuego, Cartago y Roma y su apretada guerra, Simón Mago, los siete pies de tierra que el rey sajón ofrece al rey noruego, Todo lo arrastra y pierde este incansable hilo sutil de arena numerosa. no he de salvarme yo, fortuita cosa de tiempo, que es materia deleznable. La lluvia Bruscamente la tarde se ha aclarado Porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa Que sin duda sucede en el pasado. Quien la oye caer ha recobrado El tiempo en que la suerte venturosa Le reveló una flor llamada rosa Y el curioso color del colorado. Esta lluvia que ciega los cristales Alegrará en perdidos arrabales Las negras uvas de una parra en cierto Patio que ya no existe. La mojada Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto. .
QUINCE MONEDAS
Un poeta oriental Durante cien otoños he mirado tu tenue disco. Durante cien otoños he mirado tu arco sobre las islas. Durante cien otoños mis labios no han sido menos silenciosos. El desierto El espacio sin tiempo. La luna es del color de la arena. Ahora, precisamente ahora, mueren los hombres del Metauro y de Tannenberg. Llueve ¿En qué ayer, en qué patios de Cartago, cae también la lluvia? Asterión El año me tributa mi pasto de hombres y en la cisterna hay agua. En mí se anudan los caminos de piedra. ¿De qué puedo quejarme? En los atardeceres me pesa un poco la cabeza de toro. Un poeta menor La meta es el olvido. Yo he llegado antes. Génesis, IV, 8 Fue en el primer desierto. Dos brazos arrojaron una gran piedra. No hubo un grito. Hubo sangre. Hubo por vez primera la muerte. Ya no recuerdo si fui Abel o Caín. Nortumbria, 900 A.D. Que antes del alba lo despojen los lobos; la espada es el camino más corto. Miguel de Cervantes Crueles estrellas y propicias estrellas presidieron la noche de mi génesis; debo a las últimas la cárcel en que soñé el Quijote. El Oeste El callejón final con su poniente. Inauguración de la pampa. Inauguración de la muerte. Estancia El Retiro El tiempo juega un ajedrez sin piezas en el patio. El crujido de una rama rasga la noche. Fuera la llanura leguas de polvo y sueño desparrama. Sombras los dos, copiamos lo que dictan otras sombras: Heráclito y Gautama. El prisionero Una lima. La primera de las pesadas puertas de hierro. Algún día seré libre. Macbeth Nuestros actos prosiguen su camino, que no conoce término. Maté a mi rey para que Shakespeare urdiera su tragedia. Eternidades La serpiente que ciñe el mar y es el mar, el repetido remo de Jasón, la joven espada de Sigurd. Sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo. E. A. P. Los sueños que he soñado. El pozo y el péndulo. El hombre de las multitudes. Ligeia… Pero también este otro. El espía En la pública luz de las batallas otros dan su vida a la patria y los recuerda el mármol. Yo he errado oscuro por ciudades que odio. Le di otras cosas. Abjuré de mi honor, traicioné a quienes me creyeron su amigo, compré conciencias, abominé del nombre de la patria, me resigné a la infamia.
"El Tango"(1965) una buena colaboración con textos de Borges, música de Piazzolla, recitando Luis Medina Castro y cantado por Edmundo Rivero.
Navegando voy por mi silencio, una carga de fichajes y escayolas, una palabra escrita en el desierto, una muerte interrumpida en cada hora y ese silencio macho hasta la frente me hace saltar la brisa de las manos, me hace volcar mi entraña de repente y voy pariendo cantos como clavos. Quiero atrapar del pelo la mañana, quiero exprimir el cielo y que despierte de esa quietud gravosa y casquivana, quiero salvar la fuerza de los dientes para cantar de cerca, cantar de cerca y gritar alto que hacen falta equipajes en la gente. Y es que el canto que no sirva para todos, ese canto que ni abrigue ni despierte es un lujo inaceptable por sí sólo, es una pompa de jabón sobre un susurro, es un paso en el vacío, es un hueco, la cienmilésima parte de un murmullo. Porque el que canta bajo canta solo y es el suyo un canto para adentro, y racionan la voz y dan un poco, y así transforman demandas en lamentos; y a mí me faltan horas y sobran silencios no quiero poner volumen a mi canto, no puedo cantar bajo sin desprecio, no puedo cantar solo, no tengo tiempo.