Ilusiones


"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don.
Busca los problemas porque necesitas sus dones."

"Justifica tus limitaciones y ciertamente las tendras"

Richard Bach - Ilusiones

lunes, 21 de septiembre de 2015

LLUVIA DE CODORNICES EN MADRID






Lo que sucedió en Madrid el 7 de septiembre de 1907 debió ser para verlo, no para contarlo. Aquel día descargó una fenomenal tormenta en la ciudad. Pero en un área determinada, en la plaza de Oriente, frente al Palacio Real, lo que cayó fue una lluvia de codornices. Repito, codornices. Caían a cientos; otros dicen que a miles, el caso es que llovían muchas codornices. No dejó de ser la consecuencia de un fenómeno meteorológico, pero, caramba, qué susto.


Es de suponer que, pasado el sobresalto, los madrileños menos remilgados se pondrían ciegos de codornices escabechadas aprovechando la provisión del cielo, pero otros muchos quisieron adivinar un castigo divino en aquella lluvia de animales. Por aquel entonces no había demasiados medios de comunicación ni la suficiente cultura científica como para hacer llegar la explicación del fenómeno, que no tiene nada de misterioso si lo expone un meteorólogo.


Dicho muy simplemente, a aquellas codornices las pilló despistadas un tornado que las absorbió en su torbellino, las desplazó por el cielo y, cuando se aburrió de llevarlas en su regazo, las soltó en la plaza de Oriente.


Lo que nunca se determinó es si el tornado las recogió en tierra, mientras holgazaneaban y estaban en sus cosas, o si las sorprendió en plena migración, volando tranquilamente hacia África. Sea como fuere, a aquellas codornices el tornado les hizo la pascua. El fenómeno no es que sea habitual, pero tampoco excesivamente extraordinario. Años antes ya llovieron codornices en Valencia y Bilbao; pero en Menphis, Estados Unidos, llovieron serpientes; y peces y ranas en varias partes del mundo; y en Nápoles llovió sangre según los agoreros, pero los científicos dijeron que era agua con alto contenido en hierro y cromo. Y lo mejor, en Montreal llovieron mejillones, aunque lo malo de que te llueva un mejillón es que te descalabra y se te quitan las ganas de hacértelo al vapor.


Y ya que llueve casi de todo en todo el mundo, a ver si un día de éstos pasa un tornado por el Banco de España y nos cae algo gracioso.


Del Libro: Menudas historias de la Historia de  Nieves Concostrina
Anécdotas, despropósitos, algaradas y mamarrachadas de la humanidad.



Un libro con historias muy curiosas, escrito con mucho humor, que os recomiendo, muy entretenido.



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